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De Olinia, el Plan México y otras apuestas tecnológicas
La presidenta Claudia Sheinbaum entregó recientemente su Primer Informe de Gobierno, un documento crucial para el futuro económico y de infraestructura del país. Uno de los llamados más importantes fue una invitación al empresariado a sumarse e invertir en el Plan México y sus polos de desarrollo.
Coincido plenamente en que el éxito de este plan es esencial. Más allá de las objeciones por supuesto válidas—como la inseguridad, la violencia o la incertidumbre arancelaria—es momento de adoptar una mentalidad de “cómo sí” y colaborar para construir un futuro que incluya todas las visiones, especialmente la de los generadores de riqueza: los empresarios. Sin empresas no hay crecimiento, sin crecimiento no hay dinero, y no se puede repartir lo que no existe.
Una de las apuestas interesantes, y que ya se ha abordado en ocasiones anteriores, es Olinia, el automóvil eléctrico mexicano que promete mejorar la movilidad urbana. En el espíritu del “cómo sí”, me parece crucial considerar algunos puntos para maximizar sus probabilidades de éxito:
Esta apuesta por una marca nacional es, sin duda, una oportunidad histórica para un país con tanto talento automotriz.
Otro acierto destacado en el informe es la reducción del 31% en el costo de trámites burocráticos. Es una gran noticia, pero el camino no termina ahí. El mayor dolor de cabeza para las PyMEs (además de problemas derivados de la falta de seguridad, como el cobro de piso) suele ser la falta de un plan claro de crecimiento. El principal problema de una PyME, como lo he dicho antes, es quedarse siendo PyME.
Necesitamos un modelo nacional de éxito que les brinde no solo facilidad crediticia—que es un excelente inicio—sino también digitalización, capacitación y, sobre todo, inversión (“meterle lana”, como se dice coloquialmente). El objetivo debe ser equiparlas para competir con sus pares nacionales e internacionales.
Confío en que el Plan México avance y que se sigan implementando medidas pragmáticas. A todos nos corresponde trabajar para sacar adelante nuestros proyectos de manera justa, pero siempre con la vista puesta en la premisa fundamental: primero hay que generar la riqueza para luego poder distribuirla.