El marketing de electrónicos abandona las especificaciones técnicas para priorizar la conexión emocional
CMOs del sector enfrentan el reto de redefinir el éxito más allá de métricas de visibilidad y alinear cada estrategia con el crecimiento comercial real

Tres décadas de marketing centrado en resoluciones, frecuencias de refresco y capacidades de almacenamiento están cediendo terreno ante un modelo que pone al consumidor —y su experiencia cotidiana— en el centro de la estrategia. Sarah Larsen, CMO de Hisense USA y primera ejecutiva en ocupar ese cargo de forma integral en la compañía, articula con claridad el diagnóstico: la industria de electrónicos de consumo ha privilegiado históricamente las características del producto sobre la relevancia emocional, y ese desequilibrio tiene un costo directo en ventas.
Larsen redefine el indicador de éxito del marketing: no son los puntos de recordación de marca ni el alcance de una campaña, sino el impacto medible en el crecimiento del negocio. Bajo este marco, el CMO deja de ser un gestor de comunicación para convertirse en un unificador que integra producto, retail, ventas e inteligencia del consumidor en un solo motor comercial. La implicación para los equipos directivos es concreta: cada inversión en marketing debe poder trazarse hasta una métrica de negocio, no detenerse en indicadores intermedios. Este enfoque también reposiciona los grandes patrocinios —como la Copa Mundial de la FIFA— no como activos de visibilidad, sino como plataformas para construir vínculos auténticos con audiencias específicas, lo que exige una capa de activación mucho más sofisticada que la simple presencia de marca.
Dos principios estructuran la visión de largo plazo que Hisense está implementando. Primero, la investigación de consumidor debe ser continua y adaptativa, no un ejercicio puntual previo al lanzamiento de un producto. Segundo, asegurar la relevancia futura de una marca requiere invertir hoy en segmentos que aún no forman parte del núcleo demográfico principal, anticipando los desplazamientos del mercado antes de que ocurran. Para el C-suite, esto traduce en una pregunta estratégica urgente: ¿el presupuesto de marketing está construyendo demanda futura o solo capturando la demanda existente?



