La adopción de Internet entre menores de edad en México ha alcanzado niveles críticos que demandan respuestas institucionales coordinadas. El 85.4% de los niños de 6 a 14 años son usuarios activos de la red, mientras que en el segmento de 15 a 24 años la cifra asciende a 97.6%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta penetración digital muestra una trayectoria ascendente desde 2015, consolidándose como un fenómeno estructural en la sociedad mexicana.

El tiempo de exposición varía significativamente por grupo etario. Los menores de 6 a 11 años permanecen conectados un promedio de 2.6 horas diarias, cifra que contrasta con el promedio general de 4.4 horas para todos los grupos de edad. En adolescentes de 12 a 17 años, el tiempo de conexión se incrementa a 4.5 horas, alcanzando 5.7 horas en jóvenes de 18 a 24 años, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih) de 2024. Esta escalada de horas de exposición plantea interrogantes sobre los efectos acumulativos en desarrollo cognitivo y salud mental.

Académicos y educadores advierten sobre la necesidad de un enfoque integral que combine regulación normativa con pedagogía crítica. Investigadores señalan que menores de edad están siendo convertidos en activos de valor para plataformas tecnológicas, donde funcionan más como mercancías que como sujetos de derecho. La experiencia internacional muestra que más de cien países han implementado normativas en los últimos años, reflejando una preocupación global sobre este fenómeno.

El debate sobre regulación debe incluir a múltiples actores. Historiadores y académicos advierten que cualquier marco regulatorio en México requiere un componente pedagógico robusto, con la escuela como espacio central para reflexión profunda. Docentes con décadas de experiencia coinciden en que la responsabilidad inicial recae en las familias, pero la institución educativa juega un papel determinante en desarrollar pensamiento crítico sobre redes sociales e impacto de dispositivos electrónicos. La ausencia de este debate integrado deja a menores expuestos a algoritmos diseñados para maximizar engagement sin consideración de etapas del desarrollo.