China reformula su Ley de Seguridad Vial con un capítulo dedicado exclusivamente a vehículos autónomos, marcando la primera vez que el país integra regulación específica para esta tecnología en su normativa de tránsito. El borrador, presentado ante el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular, contiene 170 artículos distribuidos en nueve capítulos que establecen disposiciones especiales para automóviles de conducción autónoma, definen conceptos operacionales clave y abordan nuevos desafíos de seguridad vial.
La disposición más significativa asigna responsabilidad legal directa: cuando un vehículo autónomo comete una infracción de tráfico con su función de conducción autónoma activada, la responsabilidad recae en el fabricante o importador. Esta estructura contrasta con vehículos que operan sin esta función o que solo cuentan con sistemas de asistencia a la conducción, los cuales se rigen bajo normativas convencionales. Esta diferenciación establece un precedente regulatorio sobre cómo distribuir la responsabilidad legal entre operadores y fabricantes en ecosistemas de movilidad autónoma.
La reforma responde a un incremento en la supervisión regulatoria tras un incidente en abril en Wuhan, donde más de cien robotaxis de operadores locales se detuvieron simultáneamente en vías públicas, generando preocupación entre pasajeros y alertas a autoridades de tráfico. Aunque no se registraron accidentes, el episodio aceleró una revisión de seguridad que pausó temporalmente nuevas autorizaciones antes de reanudar gradualmente los permisos operacionales. Esta respuesta regulatoria refleja la tensión entre acelerar adopción tecnológica y garantizar estabilidad operativa en infraestructura urbana.
Empresas locales como Baidu, Pony.ai y WeRide lideran operaciones comerciales de robotaxis en múltiples ciudades, mientras fabricantes internacionales como Tesla expanden capacidades de conducción asistida. El marco regulatorio que emerge de esta reforma no solo institucionaliza la movilidad autónoma dentro del sistema legal chino, sino que establece precedentes que probablemente influirán en cómo otras jurisdicciones abordan la responsabilidad legal, seguridad operativa y gobernanza de tecnologías de conducción autónoma a escala global.



