Casi la mitad de los estudiantes mexicanos utiliza chatbots de inteligencia artificial al menos una vez por semana para actividades académicas, posicionando al país ligeramente por encima del promedio de la OCDE (46%). Herramientas como Gemini y ChatGPT se han integrado en las prácticas escolares para investigación preliminar, síntesis de información, redacción de trabajos y resolución de dudas, según los resultados de la Prueba PISA 2025.
La adopción en México presenta particularidades respecto al promedio internacional. El 40% de los estudiantes mexicanos emplea chatbots para investigaciones preliminares sobre temas nuevos (31% en la OCDE), el 34% para resumir textos (30% internacional) y el 35% para redactar trabajos escolares (29% global). Solo el 8% de los estudiantes mexicanos reporta nunca o casi nunca recurrir a estas herramientas, cifra significativamente menor al 14% del promedio de la OCDE, lo que sugiere una penetración más profunda de la tecnología en el contexto educativo nacional.
Tendencia global con variaciones regionales
La integración de inteligencia artificial en educación no es exclusiva de México. A nivel mundial, el 46% de los estudiantes utiliza chatbots semanalmente o con mayor frecuencia. Sin embargo, la adopción varía considerablemente según la región. En Macao, Tailandia, Filipinas, ciertas zonas de Ucrania, Arabia Saudita, Turquía, Singapur, Mongolia y Emiratos Árabes Unidos, más del 40% de los estudiantes emplea IA una o dos veces por semana o diariamente para redactar textos escolares. Vietnam registra la cifra más alta con 52% de estudiantes usando estas herramientas con regularidad.
La paradoja del rendimiento académico
Un hallazgo crítico de la OCDE cuestiona la relación entre uso de IA y desempeño educativo. Los estudiantes que no utilizan chatbots para resumir textos, investigar o redactar obtuvieron aproximadamente 20 puntos más en pruebas de ciencias que aquellos que sí recurren a estos sistemas, equivalente a cerca de un año de aprendizaje. Este diferencial plantea interrogantes sobre las dinámicas causales subyacentes.
La organización internacional advierte sobre la interpretación de estos datos. No puede afirmarse que la inteligencia artificial cause bajo desempeño académico, ya que es probable que estudiantes con mayores dificultades sean quienes más recurren a estas herramientas como mecanismo de apoyo. La correlación observada no establece causalidad directa, sino que refleja patrones de uso diferenciado según el nivel de dominio académico del estudiante.
Esta dinámica genera implicaciones para políticas educativas y decisiones institucionales sobre integración tecnológica. Mientras la adopción de IA en educación continúa acelerándose, la evidencia sugiere que la efectividad depende menos de la disponibilidad de herramientas y más de cómo se estructuran los procesos pedagógicos alrededor de ellas.



