Elon Musk calificó como una "trampa" y una "operación psicológica" la reciente ola de advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial emitidas por investigadores y empleados de Anthropic, la empresa desarrolladora del modelo Claude. La reacción se produjo tras la renuncia pública de Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic y OpenAI, quien afirmó que ambas compañías "están jugando con nuestras vidas" al no desarrollar la tecnología de forma responsable.
La publicación de Coxon en X desencadenó una cadena de respuestas entre empleados activos de Anthropic. Anna Wang, investigadora en seguridad de IA y exintegrante de DeepMind, señaló que dentro de la compañía existe un deseo generalizado de ralentizar el desarrollo para construir un plan de mitigación de riesgos. "Todavía no existe un plan científico viable para resolver los riesgos derivados de la IA que se auto-mejora recursivamente", escribió Wang. Por su parte, Drake Thomas, otro miembro del equipo, advirtió que el ritmo actual de avance supera con creces el nivel de seguridad disponible para gestionar sistemas de superinteligencia artificial.
La profundidad de las preocupaciones internas quedó expuesta cuando Samuel Marks, investigador de seguridad en Anthropic, reveló que la creencia en un riesgo existencial asociado a la IA aumenta conforme se asciende en la jerarquía de la empresa. Evan Hubinger, líder de la división de alineación, fue más explícito: afirmó que la probabilidad de que la IA cause la extinción humana en la próxima década supera el 10% según su estimación. Frente a estas declaraciones, Musk no solo descartó su validez, sino que sugirió que podrían ser parte de una campaña de desinformación orquestada, respaldando la lectura de Parker Thayer, investigador de un grupo de expertos conservador, quien interpretó la renuncia de Coxon como el inicio de una operación de relaciones públicas. El debate expone una fractura de fondo en la industria tecnológica: la tensión entre la velocidad de despliegue comercial y la madurez de los marcos de seguridad disponibles para contenerlo, una disyuntiva que las organizaciones que adoptan estas tecnologías no pueden ignorar.
