Siete de cada diez mexicanos entre 18 y 64 años consumen café de forma regular, según datos recientes del sector, superando incluso el consumo de agua embotellada y refrescos. Este dato no es menor: refleja un cambio estructural en los hábitos de consumo que está reconfigurando tanto el mercado de bebidas como el de electrodomésticos de cocina en el país.

El perfil del consumidor mexicano de café ha migrado de forma acelerada desde el café soluble hacia preparaciones especializadas. Camilo Mesa, Brand Manager de Beverage & Electrical Cooking de Krups, describe esta transición con precisión: "Hemos pasado de un consumidor que se limitaba al café soluble a uno que busca cafés especializados y métodos de preparación que ofrecen diferencias significativas en sabor". El mismo consumidor puede llegar a tomar hasta seis tazas diarias, y ya no lo hace por inercia, sino como parte de un ritual que integra origen del grano, tostado, molienda y método de extracción.

De la funcionalidad a la experiencia

Esta evolución tiene implicaciones directas para cualquier empresa que opere en el segmento de equipos de cocina o bebidas. El café dejó de ser una categoría funcional para convertirse en una de experiencia, lo que eleva las expectativas del consumidor y, con ello, el umbral de diferenciación que deben alcanzar los productos.

El recorrido del consumidor sigue una lógica clara: del café soluble a las cafeteras de filtro, luego al descubrimiento del espresso, después a las máquinas de cápsulas y, finalmente, a las cafeteras automáticas con molienda integrada. Cada etapa representa un escalón de mayor involucramiento, conocimiento y exigencia. Según Mesa, es precisamente en ese momento —cuando el usuario experimenta la diferencia de sabor que ofrece una cafetera automática— cuando se activa el crecimiento del segmento de mayor valor.

La estrategia detrás del posicionamiento

Bajo el nombre Coffee Crush, Krups articula una propuesta orientada a capturar este segmento en expansión, alineando su portafolio con las nuevas expectativas del mercado mexicano. La apuesta no es únicamente de producto: es de narrativa. Posicionar la preparación del café en casa como un ritual completo —y no como una simple tarea doméstica— permite a la marca conectar con un consumidor que valora el proceso tanto como el resultado.

Para las empresas que compiten en categorías adyacentes —desde tostadores y distribuidores de grano hasta retailers de electrodomésticos— el mensaje es estratégico: el consumidor mexicano ya no busca conveniencia a cualquier costo. Busca control, personalización y calidad. Las marcas que logren traducir esa demanda en propuestas concretas tendrán una ventana de posicionamiento relevante en un mercado que, por volumen y frecuencia de consumo, tiene escala suficiente para sostener crecimientos sostenidos.