Condensar la historia de la humanidad en 90 segundos es un ejercicio de síntesis narrativa que pocas producciones audiovisuales logran sin caer en el cliché. El spot creado para el videojuego de estrategia histórica Humankind II lo resuelve con un recurso conceptualmente sólido: el punto de vista de nueve recién nacidos que abren los ojos por primera vez en épocas radicalmente distintas, desde el Neolítico hasta la exploración espacial.
La pieza, desarrollada por la agencia parisina BETC junto a la productora Prose on Pixels, recorre escenarios como el Antiguo Egipto, la civilización maya, la era vikinga, la China feudal, la peste bubónica del siglo XVII, la conquista del Oeste norteamericano, la Segunda Guerra Mundial y el espacio exterior. En cada uno, el hilo conductor es idéntico: el nacimiento de un ser humano en un mundo cargado de incertidumbre. Esa constante es lo que da coherencia emocional a una pieza que de otro modo correría el riesgo de fragmentarse en postales históricas.
Producción técnica: nueve mundos en tres días
Desde el punto de vista de producción, el proyecto implicó construir nueve escenarios diferenciados, contratar actores y extras para cada período histórico y filmar durante más de tres días en Sofía, Bulgaria, precedidos por una semana completa de preparación. Las escenas fueron capturadas con objetivo gran angular a corta distancia, una decisión técnica que refuerza la perspectiva subjetiva del recién nacido y permite al espectador identificar la época representada a través de detalles de utilería, vestuario e iluminación.
Un detalle de continuidad narrativa añade una capa de coherencia al conjunto: en la escena ambientada en una nave espacial, la madre es interpretada por la misma actriz que encarnó a la protagonista del primer videojuego de la saga, cuya secuela está prevista para 2027.
Storytelling como estrategia de posicionamiento
Más allá de su valor creativo, la pieza ilustra una tendencia consolidada en comunicación de marca: el uso del storytelling emocional para posicionar productos de alta complejidad —en este caso, un videojuego de estrategia con múltiples capas históricas— sin recurrir a la demostración de funcionalidades. La tensión entre la belleza del nacimiento y la violencia o fragilidad del mundo que lo rodea genera una experiencia afectiva que conecta con la propuesta central de Entorno: que la historia no es un telón de fondo, sino el terreno donde se toman decisiones con consecuencias reales.
Este enfoque —donde la emoción precede a la explicación del producto— es cada vez más relevante en categorías donde la diferenciación técnica es difícil de comunicar en formatos cortos. La apuesta por una narrativa universal, centrada en un acontecimiento biológico compartido por toda la humanidad, amplía el alcance potencial de la pieza más allá del público habitual de los videojuegos de estrategia.
