Diversificar hacia categorías de lujo adyacentes se ha convertido en una palanca estratégica para marcas automotrices con alto reconocimiento global. El más reciente ejemplo es una fragancia femenina —denominada "I am Mercedes"— desarrollada por la perfumista Sophie Labbé, cuyo frasco reinterpreta el emblema de tres puntas de la marca alemana y cuya campaña visual gira en torno a un 280 SL Pagoda Cabriolet de 1968.
El movimiento no es aislado. Desde 2011, la automotriz opera una línea de perfumería en asociación con Give Back Beauty, con extensiones hacia sus divisiones de alto rendimiento y ultra lujo. Lo que distingue este lanzamiento es la densidad simbólica del producto: el frasco en cristal tallado con forma de diamante, el tono rosa salmón del líquido y la tapa metálica con el emblema de la marca funcionan como objetos de colección que refuerzan la identidad visual más allá del automóvil.
Patrimonio histórico como activo de marketing
La narrativa de la campaña ancla el producto en dos figuras fundacionales: Mercedes Jellinek, quien dio nombre a la marca a principios del siglo XX, y Bertha Benz, quien en 1888 realizó el primer viaje de larga distancia en automóvil de la historia. Integrar ese legado en un producto de consumo permite a la marca activar su historia como diferenciador competitivo frente a fragancias de lujo sin ese capital narrativo.
Desde una perspectiva de construcción de marca, la decisión de centrar la campaña en una mujer junto a un automóvil clásico —en lugar de un modelo contemporáneo— apunta a una audiencia que valora la autenticidad y la continuidad histórica por encima de la novedad tecnológica. Es una señal de posicionamiento deliberado en el segmento premium de la perfumería.
Composición y presentación del producto
La fragancia se estructura en tres fases olfativas: apertura de neroli, bergamota y pimienta rosa; corazón de flor de azahar, jazmín y ylang-ylang; base de vainilla, maderas y almizcle. Se comercializará en formato eau de parfum en presentaciones de 30, 50 y 100 mililitros.
Para empresas que gestionan portafolios de marca con múltiples categorías de producto, este caso ilustra cómo el diseño de packaging y la coherencia narrativa pueden sostener la extensión de marca sin diluir el posicionamiento original. La clave está en que cada elemento del producto —frasco, campaña, historia— remite al mismo sistema de valores que define a la marca en su categoría principal.



