Durante más de cinco décadas, un luminoso en lo alto del Edificio Carrión ha sido testigo de la transformación de la Gran Vía madrileña. Lo que comenzó como un soporte publicitario de aproximadamente cien metros cuadrados se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo ciertos elementos del paisaje urbano trascienden su función original para integrarse en la memoria colectiva de una ciudad.

Este fenómeno fue el eje de un coloquio multidisciplinar que reunió a especialistas en arquitectura, cine, periodismo, historia y diseño de iluminación. La arquitecta María Teresa Muñoz, reconocida especialista del Edificio Carrión, describió la relación entre la estructura y el luminoso como un caso excepcional en el paisaje urbano europeo: "La simbiosis con la esquina curva del edificio es perfecta y visible desde todos los ángulos; uno aporta la arquitectura y el otro, la identidad". Esta lectura sitúa al neón no como un accesorio, sino como un elemento constitutivo de la identidad arquitectónica del entorno.

Permanencia frente a digitalización

El debate sobre el valor de los soportes luminosos analógicos frente a los digitales adquiere relevancia en un contexto donde las pantallas LED y los displays interactivos dominan la comunicación urbana. Maxi Gilbert, diseñador de iluminación y fundador del Museo de la Luz de Madrid, articuló una distinción técnica y conceptual relevante: "El neón tiene una presencia física inigualable: no muestra una imagen, sino que la luz misma es el objeto. Las pantallas cambian de contenido, pero el neón mantiene su identidad".

Esta permanencia tiene implicaciones directas para las estrategias de presencia de marca en entornos urbanos. Cuando una señal luminosa permanece en el mismo lugar durante décadas, el vínculo emocional que genera con los habitantes de la ciudad supera cualquier métrica de alcance o frecuencia convencional. El cronista Alfonso J. Ussía lo formuló en términos que resuenan más allá de lo sentimental: "Madrid tiene la capacidad de apropiarse de lo que la rodea. Desde entonces, aquella luz amarilla, azul y roja ha quedado suspendida sobre Callao como el faro de un mar nocturno".

El papel del cine en la construcción de iconografía urbana

La jornada incluyó la primera proyección pública en formato 4K de El día de la bestia, la película de Álex de la Iglesia estrenada en 1995, que consolidó el neón en el imaginario audiovisual de varias generaciones. De la Iglesia reveló que el luminoso formaba parte de su entorno cotidiano durante la escritura del guion, lo que explica su presencia recurrente en la narrativa visual de la cinta.

"Lo que no se ilumina, no existe", afirmó el director, sintetizando en una frase la función que cumplen las estructuras luminosas en la construcción del imaginario de una ciudad. La intersección entre cultura popular, arquitectura y comunicación visual que representa este caso ofrece un marco de análisis aplicable a decisiones sobre presencia de marca en espacios públicos de alta densidad simbólica.

El evento, moderado por el periodista Moisés Rodríguez, subrayó que la longevidad de un símbolo urbano no depende exclusivamente de su visibilidad, sino de su capacidad para acumular capas de significado compartido a lo largo del tiempo.