Establecer una moratoria sobre el desarrollo de la inteligencia artificial es, según la escritora y periodista Rosa Montero, la única vía para evitar consecuencias que ella califica directamente de catastróficas. Montero, Premio Nacional de las Letras en 2017, advierte que el debate sobre la IA ha dado un giro alarmante y que la humanidad enfrenta un riesgo real de perder el control sobre una tecnología que avanza más rápido que los marcos regulatorios capaces de contenerla.
La advertencia no es nueva en su obra. En títulos anteriores ya había explorado el peligro de la IA, pero su análisis más reciente incorpora evidencia empírica que trasciende la ficción: los resultados del informe PISA, que documentan una caída sostenida en la comprensión lectora entre jóvenes de múltiples países. Para Montero, existe una relación directa entre la delegación de funciones cognitivas a las máquinas y la atrofia de esas mismas capacidades en los seres humanos. Cuando una habilidad deja de ejercitarse porque un sistema automatizado la sustituye, el cerebro la pierde gradualmente.
Multitarea, materia gris y el costo cognitivo de la dependencia tecnológica
Montero señala que la multitarea —frecuentemente celebrada como una competencia del entorno digital— tiene efectos documentados sobre la estructura cerebral, específicamente en la reducción del grosor de la materia gris en zonas vinculadas al procesamiento complejo y la atención sostenida. Este deterioro no es exclusivo de las generaciones más jóvenes: afecta transversalmente a cualquier perfil que opere bajo dependencia tecnológica intensa.
Desde una perspectiva de gestión organizacional, el fenómeno plantea una pregunta incómoda: si los equipos delegan progresivamente el análisis, la síntesis y la toma de decisiones a sistemas de IA, ¿qué ocurre con la capacidad institucional de razonamiento crítico cuando esos sistemas fallan, sesgan o simplemente no están disponibles? La dependencia tecnológica sin desarrollo paralelo de habilidades humanas crea fragilidad sistémica, no eficiencia.
Literatura como laboratorio de escenarios de riesgo
En su narrativa más reciente, Montero construye personajes que enfrentan humillación, abuso laboral y ruptura de identidad, temas que conecta con dinámicas sociales más amplias, incluyendo episodios de violencia colectiva que, según su análisis, tienen raíz en la humillación acumulada. La ficción funciona aquí como un mecanismo para procesar tensiones que los datos cuantitativos no capturan del todo.
Lo que la autora propone, más allá del debate literario, es que la velocidad de adopción tecnológica sin regulación equivale a una apuesta de alto riesgo sobre la resiliencia cognitiva y social de las organizaciones y las sociedades. Una moratoria, en ese marco, no es un freno al progreso: es una pausa para construir los mecanismos de gobernanza que hoy no existen.



