Cuando la infraestructura tecnológica genera fricción social, algunos la convierten en arte. Bezzy es un peluche con forma de rack de servidores —brazos y piernas largas incluidos— que al apretarse emite un agudo chillido grabado por un vecino de un centro de datos en Virginia, descrito por quienes lo padecen como una alarma de auto sin fin.
Detrás del proyecto está una colaboración entre el estudio neoyorquino Basura y Big Data, proyecto musical del productor Alan Wilkis. La iniciativa, denominada "Adopta un Centro de Datos", se lanzó de forma simultánea con un nuevo sencillo musical y apunta a reencuadrar la percepción pública sobre una infraestructura que sostiene buena parte de la inteligencia artificial moderna, pero que raramente genera simpatía.
El ruido como síntoma de una expansión sin consenso
Los centros de datos han crecido de forma acelerada en Estados Unidos, impulsados por la demanda de capacidad computacional para modelos de lenguaje y servicios en la nube. Esa expansión tiene costos concretos: consumo energético elevado, presión sobre redes eléctricas locales y contaminación acústica que afecta a comunidades residenciales cercanas.
Rajeev Basu, fundador de Basura, señaló que la grabación utilizada en Bezzy fue seleccionada por su capacidad de irritar con precisión. No es un detalle menor: el proyecto nació de entrevistas con personas que conviven a diario con ese ruido, y el peluche funciona como un archivo sonoro de esa experiencia.
Infraestructura crítica con problema de imagen
La iniciativa incluye una colección de calcomanías con mensajes como "Cada centro de datos merece un hogar eterno" y "Abre tu corazón. Y tu red eléctrica". El tono irónico no oculta una pregunta de fondo que el sector tecnológico aún no ha respondido con claridad: cómo integrar infraestructura crítica en territorios urbanos sin generar rechazo.
Para las empresas que dependen de esta infraestructura —o que planean expandirla— el caso Bezzy ilustra un riesgo de reputación territorial que va más allá de los permisos de construcción. La aceptación social de los centros de datos se está convirtiendo en una variable operativa tan relevante como la latencia o la disponibilidad energética.



