Más del 56% de los estudiantes colombianos de 15 años utiliza herramientas de inteligencia artificial de forma semanal, según datos del estudio PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta cifra posiciona a Colombia por encima de países como Perú y Uruguay en la adopción de IA dentro del aula, consolidando una tendencia que ya no es marginal sino estructural en los sistemas educativos de la región. Sin embargo, la frecuencia de uso no equivale a calidad de aprendizaje. Juan José Giraldo, docente de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, advierte que delegar tareas cognitivas a chatbots puede comprometer el desarrollo de habilidades que requieren práctica activa y sostenida. Cuando una herramienta ejecuta el ejercicio en lugar del estudiante —ya sea redactar, resumir o resolver un problema—, el proceso mental que consolida el aprendizaje simplemente no ocurre. El riesgo de la delegación cognitiva. Nelson Vargas, director de Ingeniería de Sistemas y Tecnología en Desarrollo de Software de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, traza una distinción operativa clave: pedir ayuda no es lo mismo que delegar. Solicitar orientación sobre cómo abordar un problema preserva el ejercicio del razonamiento; obtener la respuesta directa lo elimina. Esta diferencia, aparentemente sutil, tiene consecuencias medibles en la capacidad de pensamiento crítico a largo plazo. El fenómeno se replica en disciplinas concretas. En comprensión lectora, el valor pedagógico está en el proceso de construcción de sentido que realiza quien lee; recibir un resumen generado automáticamente omite ese proceso. En escritura, la selección, organización y revisión de ideas son el aprendizaje en sí, no el texto final. En programación, generar código sin entender su lógica produce egresados que conocen el resultado pero no el razonamiento detrás. Implicaciones para organizaciones y formación de talento. Para las organizaciones que contratan talento joven, este debate tiene consecuencias directas. Si una generación completa de profesionales llega al mercado laboral habiendo externalizado sus procesos cognitivos a plataformas de IA, las brechas no serán técnicas sino analíticas: dificultad para argumentar, resolver problemas sin asistencia o adaptarse a contextos no previstos por un modelo de lenguaje. El consenso entre los especialistas no es prohibir el uso de inteligencia artificial en entornos educativos, sino redefinir cuándo y cómo se integra. La IA como andamiaje —que guía sin sustituir— puede amplificar capacidades; la IA como sustituto erosiona las habilidades que se supone debe apoyar. Esa distinción, hoy ausente en la mayoría de las políticas educativas de la región, es la que determinará la calidad del capital humano disponible en los próximos diez años.
Inteligencia Artificial
El uso de IA en estudiantes latinoamericanos plantea un dilema entre apoyo y dependencia cognitiva
Colombia lidera el uso semanal de IA entre estudiantes de 15 años en la región, según la OCDE, pero expertos advierten que la frecuencia de adopción no garantiza desarrollo de habilidades cognitivas.
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Redaccion NEO·20/9/2026
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