Actuar antes de comprender completamente los riesgos: esa es la postura que un panel científico de las Naciones Unidas exige a los gobiernos frente al avance de la inteligencia artificial. En su primera evaluación significativa, el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial —creado como el primer organismo científico global de la ONU en esta área— advierte que esperar a tener certeza científica sobre los riesgos de la IA equivale a asumir una exposición innecesaria a daños potencialmente irreversibles.

El informe cobra relevancia en un momento en que la IA ocupa un lugar central en la agenda diplomática internacional. En el marco de la Asamblea General de la ONU, líderes mundiales han retomado conversaciones sobre gobernanza tecnológica, incluyendo diálogos entre Estados Unidos y China. El secretario general António Guterres ha sido explícito: "el mundo no puede permitirse una carrera hacia abajo en la seguridad de la inteligencia artificial", una advertencia que apunta directamente a los riesgos de una competencia desregulada entre potencias tecnológicas.

El principio de precaución como marco regulatorio

Uno de los argumentos centrales del panel es que la incertidumbre científica no puede funcionar como argumento para diferir la acción regulatoria. El documento señala que el riesgo de pérdida de control sobre sistemas de IA avanzada es precisamente el tipo de problema que el principio de precaución fue diseñado para gestionar: aquel donde el daño potencial es catastrófico o irreversible, aunque su probabilidad exacta permanezca indeterminada.

Este principio tiene raíces institucionales sólidas. Consagrado por primera vez en la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, ha sido el fundamento de políticas ambientales y de salud pública en la Unión Europea durante décadas. Su traslado al ámbito de la inteligencia artificial representa una evolución significativa en cómo los organismos multilaterales conceptualizan el riesgo tecnológico.

Coordinación internacional frente a marcos legales fragmentados

El panel identifica una tensión estructural en el panorama regulatorio actual: mientras cada país desarrolla su propio marco legal para la IA —con enfoques que varían desde la regulación sectorial hasta leyes horizontales como el AI Act europeo—, los riesgos asociados a sistemas avanzados no respetan fronteras jurisdiccionales.

Frente a esa fragmentación, el informe demanda una coordinación internacional más robusta en materia de seguridad y responsabilidad. Para las organizaciones que operan en múltiples mercados, esta divergencia regulatoria ya representa un reto de cumplimiento concreto: los estándares que hoy son voluntarios en una jurisdicción podrían convertirse en requisitos obligatorios en otra en un horizonte de 12 a 24 meses.

La señal de fondo es clara: la ventana para establecer posiciones proactivas frente a la gobernanza de IA —tanto a nivel de política pública como de gestión.