Después de más de dos décadas sin actividad publicitaria, una marca española de embutidos con origen en los años 50 regresa a los grandes formatos de comunicación con una campaña que apuesta por el humor situacional y la reivindicación de lo clásico como eje creativo central.
La estrategia, desarrollada en colaboración con una agencia creativa madrileña, articula su mensaje en torno a un concepto que desafía la lógica del mercado actual: en lugar de prometer innovación, celebra la permanencia. El lema elegido —«Mismo sabor. Qué maravilla»— es una actualización deliberada de un eslogan histórico de la marca, y funciona como declaración de posicionamiento frente a un entorno saturado de lanzamientos y promesas de mejora continua.
Una arquitectura de campaña por fases
El despliegue de la campaña incluyó una fase de misterio previa al lanzamiento oficial, con una cuenta en redes sociales bajo el nombre encubierto «Rima con illa» que distribuyó pistas progresivas para que la audiencia identificara la marca. La mecánica incorporó a creadores de contenido y a un presentador de televisión de perfil masivo, generando conversación orgánica antes de que la identidad fuera revelada públicamente.
Esta aproximación —conocida en la industria como estrategia de teaser con participación de influencers— permite construir expectativa y engagement sin inversión publicitaria directa en la fase inicial, maximizando el alcance orgánico antes de activar los medios pagados. El concurso asociado al desvelamiento, con un viaje a Castilla y León como premio, añadió un componente de activación con anclaje territorial coherente con el origen histórico de la marca.
Expansión digital como palanca de rejuvenecimiento
El relanzamiento incluye la apertura de perfiles propios en Instagram y TikTok, plataformas donde la marca no tenía presencia previa. Esta decisión responde a una necesidad estructural que enfrentan muchas marcas de consumo masivo con alta penetración en generaciones mayores: cómo mantener relevancia entre consumidores jóvenes sin alienar a su base consolidada.
La campaña se distribuirá en televisión, medios digitales, exterior y puntos de venta, con una agencia de medios y una firma especializada en activación liderando la planificación. La combinación de canales sugiere una inversión orientada tanto a cobertura masiva como a precisión en segmentación digital.
Desde la perspectiva de gestión de marca, el caso ilustra una tendencia creciente: empresas con activos de marca subutilizados —reconocimiento histórico, asociaciones emocionales positivas, lemas con memoria colectiva— que optan por reactivar esos activos en lugar de construir nuevos. El riesgo de esta estrategia reside en la ejecución: la nostalgia funciona cuando el producto respalda la promesa, y fracasa cuando se convierte en recurso creativo sin sustancia.
