Dos nombres que dominaron el mercado de telefonía móvil a principios de siglo han tomado caminos radicalmente distintos para sobrevivir en un ecosistema donde los smartphones de Android e iOS concentran más del 99% del mercado global. Sus trayectorias ofrecen un caso de estudio sobre reinvención corporativa y gestión de activos de marca bajo presión competitiva extrema.

De íconos del consumo masivo a jugadores especializados

A finales de 2008, en México, tres de cada cuatro usuarios de telefonía móvil operaban dispositivos de estas dos marcas. Hoy, ninguna compite en el segmento de smartphones de alto volumen. Sin embargo, ambas siguen generando ingresos —y en un caso, crecimiento significativo— desde posiciones de mercado completamente redefinidas.

Nokia ha optado por una estrategia dual: mantener presencia en hardware de bajo costo con dispositivos de funcionalidad limitada —los llamados dumb phones— mientras escala agresivamente en infraestructura de telecomunicaciones. Sus acciones acumulan un alza superior al 140% en lo que va del año, impulsada por la demanda de equipos ópticos para centros de datos, un segmento directamente vinculado al crecimiento de la inteligencia artificial y el cómputo en la nube.

En paralelo, HMD Global —licenciataria de la marca Nokia para dispositivos— presentó el Nokia 300 Charge, sucesor espiritual del Nokia 1100, el modelo más vendido en la historia de la telefonía con más de 250 millones de unidades desde su lanzamiento en 2003, reconocido por el Libro de Récords Guinness. El nuevo dispositivo opera como powerbank portátil, ofrece 40 días de autonomía en modo de espera y apunta a segmentos donde la conectividad básica y la durabilidad son prioritarias sobre las funciones avanzadas.

BlackBerry: de teclado físico a sistema operativo vehicular

La transformación de BlackBerry es más radical. En 2016, la compañía completó su salida del negocio de hardware para concentrarse en software. En 2022, desactivó los servidores que mantenían operativos sus dispositivos con BlackBerry OS, dejando inoperables llamadas, mensajes y acceso a servicios de emergencia en equipos que aún circulaban en el mercado.

Actualmente, BlackBerry opera en dos verticales: QNX, su sistema operativo en tiempo real para vehículos y sistemas críticos, y Secure Communications, orientado a gobiernos y organizaciones con requisitos estrictos de ciberseguridad. QNX está integrado en más de 275 millones de vehículos a nivel global, incluyendo plataformas de BMW, Mercedes-Benz y Volvo —una escala que posiciona a la compañía como infraestructura invisible pero crítica dentro de la industria automotriz.

En términos financieros, BlackBerry reportó ingresos de 163.3 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal —periodo cerrado el 31 de agosto de 2026—, con un crecimiento del 26% interanual y una utilidad neta de 33.9 millones de dólares. Para una empresa que abandonó su negocio principal hace menos de una década, esas cifras representan una validación del pivot estratégico.

La lección estructural para la toma de decisiones

Lo que estas trayectorias revelan no es nostalgia tecnológica, sino una dinámica que se repite en múltiples industrias: las marcas con alta penetración histórica enfrentan una disyuntiva cuando su mercado original se contrae. Pueden defender territorio —generalmente con márgenes decrecientes— o redirigir sus activos técnicos hacia segmentos donde la competencia es menor y la barrera de entrada más alta.

BlackBerry eligió el segundo camino y encontró en la seguridad automotriz y gubernamental un espacio donde su reputación en cifrado y sistemas robustos se convierte en ventaja competitiva real. Nokia fragmentó su apuesta: infraestructura de telecomunicaciones para el crecimiento institucional, hardware de nicho para mercados donde el smartphone es excesivo o inaccesible.

Ambos casos ilustran que la longevidad corporativa en tecnología rara vez depende de defender el producto original, sino de identificar qué capacidades internas tienen valor en mercados adyacentes antes de que el negocio principal colapse.