Cada septiembre, el Mes del Testamento reactiva la conversación sobre sucesión en México. Las campañas notariales logran que más personas formalicen jurídicamente el destino de sus bienes. Sin embargo, para patrimonios que incluyen empresas, inversiones, inmuebles, estructuras en múltiples países o varias generaciones activas, el testamento responde solo una parte de la pregunta.

La pregunta completa va más allá de quién recibe qué. Implica definir quién estará preparado para decidir, qué responsabilidades acompañan al patrimonio, qué debe transformarse y qué debe preservarse para quienes aún no participan en la conversación. Es decir, la sucesión no comienza cuando se abre un testamento.

El déficit estructural en la transición generacional

En México, 36% de las empresas familiares identifica la sucesión y la transición generacional entre sus principales desafíos estructurales de largo plazo, mientras apenas 25% reporta un alto nivel de confianza en la preparación de la siguiente generación. La brecha entre ambas cifras revela un problema de fondo: las familias patrimoniales han avanzado en profesionalizar la administración de su riqueza, pero no necesariamente en preparar a quienes la recibirán.

A nivel global, 68% de los family offices cuenta con mecanismos formales para medir desempeño financiero y 60% opera con comités de inversión. Sin embargo, solo el 35% tiene definido un plan de sucesión para el propio family office y apenas el 27% dispone de un proceso estructurado para educar y preparar a los herederos. El contraste desplaza la pregunta central: ya no es cuánto recibirá la siguiente generación, sino qué tan preparada estará para decidir cuando le corresponda.

Gobernanza como activo estratégico

Cuando varias generaciones, empresas y activos conviven dentro de un mismo patrimonio, las reglas para tomar decisiones pueden adquirir tanta importancia como los propios bienes. Separar propiedad, gestión y gobernanza se convierte en una de las conversaciones más críticas del proceso sucesorio.

Preguntas como quién representa a la familia, qué decisiones requieren consenso, cómo participan las nuevas generaciones o qué ocurre ante una diferencia sobre la venta de una empresa no tienen respuesta en un testamento. Requieren protocolos, consejos familiares y mecanismos de gobierno que conviertan acuerdos implícitos en reglas comprensibles para todas las generaciones involucradas.

"El testamento es indispensable, pero el legado no cabe completo en un documento. Hay conocimiento, responsabilidades, criterios y valores que necesitan transmitirse mientras las generaciones todavía pueden sentarse a conversar", señala Leon Harari, presidente y cofundador de Axxets.

El rol del Multifamily Office en la planificación sucesoria

En este contexto, un Multifamily Office adquiere relevancia no solo por la administración de inversiones, sino por su capacidad de observar el patrimonio como un conjunto: activos financieros, empresas familiares, estructuras patrimoniales, necesidades de liquidez, objetivos de largo plazo y distintas generaciones con prioridades que no siempre coinciden. A diferencia de una casa de bolsa o una gestora de inversiones, trabaja directamente para la familia, sin vínculos ni intereses con otras entidades.

Axxets estructura su servicio de Family Office con gestión patrimonial, consolidación y conciliación de inversiones, acompañamiento a negocios familiares, planificación estratégica y planificación patrimonial y sucesoria. La firma plantea explícitamente como uno de sus objetivos facilitar una transferencia fluida de riqueza entre generaciones, coordinando la complejidad patrimonial con los especialistas legales, fiscales y financieros de cada familia.

La sucesión, bajo este enfoque, no consiste en replicar automáticamente el modelo de la generación anterior. Consiste en construir las condiciones para que la siguiente generación pueda decidir con criterio propio sobre un patrimonio que entiende y para el que fue preparada.