Dolor de cabeza, irritación ocular y fatiga persistente después de varias horas en una oficina no siempre son consecuencia del volumen de trabajo. Un estudio publicado en PeerJ con 261 trabajadores identificó síntomas oculares asociados al Sick Building Syndrome (SBS) en 27.2% de los participantes, y síntomas generales en 22.2%. El fenómeno, conocido como síndrome del edificio enfermo, vincula la aparición de malestares físicos con condiciones específicas del ambiente interior: confort térmico, factores químicos y biológicos, ergonomía y, de forma relevante, iluminación.
La investigación evalúa la iluminación como una variable que acompaña prácticamente todas las actividades de la jornada laboral, aunque rara vez ocupa un lugar central en las decisiones de diseño de espacios corporativos. La distribución de la luz, los contrastes, los reflejos sobre pantallas, el deslumbramiento y la relación con la luz natural construyen en conjunto la experiencia visual de quienes habitan el espacio.
El confort visual como variable de diseño
Durante una jornada típica, la mirada transita constantemente entre el monitor, el escritorio, el rostro de un interlocutor y el entorno inmediato. Ese recorrido visual continuo exige que la distribución lumínica mantenga equilibrio entre superficies y evite contrastes abruptos que generen fatiga.


