Más de ochenta años después de su retiro de la pantalla, la imagen de una de las actrices más reconocidas del cine clásico fue reconstruida digitalmente para protagonizar una campaña publicitaria de una empresa industrial sueca del sector de rodamientos. La producción, que dura 99 segundos, combina metraje generado con modelos de inteligencia artificial —incluyendo Seedream y tecnología de generación de imagen de Google— con archivos de audio de grabaciones originales de la actriz para recrear su voz.

Lo que distingue técnicamente esta producción de otros intentos similares es que sus creadores evitaron utilizar imágenes protegidas por derechos de autor como datos de entrenamiento. En su lugar, recurrieron a descripciones textuales detalladas —rasgos físicos específicos como el tono de ojos y la textura del cabello— para guiar los algoritmos generativos, mientras un actor humano prestó su cuerpo como base de referencia. El resultado, según los familiares que gestionan el legado de la actriz, logró superar el llamado "valle inquietante": ese umbral de incomodidad que generan las representaciones digitales hiperrealistas cuando se acercan demasiado —pero no del todo— a la apariencia humana real.

El mercado de identidades digitales póstumasn

Este caso no es aislado. La práctica de reanimar digitalmente a figuras fallecidas para usos comerciales ha ganado tracción en los últimos años, impulsada por la madurez de los modelos generativos de imagen y voz. El actor Val Kilmer, fallecido en 2025, también fue objeto de recreaciones digitales antes y después de su muerte. Lo que antes requería producción cinematográfica de alto presupuesto hoy puede ejecutarse con herramientas accesibles, lo que amplía exponencialmente el número de actores —corporativos y creativos— capaces de producir este tipo de contenido.

Para las organizaciones que gestionan patrimonios de figuras históricas, esto representa tanto una oportunidad de monetización como un riesgo reputacional significativo. Craig Reisfield, uno de los tres familiares que administran el legado de la actriz, señaló públicamente su sorpresa ante la calidad de la recreación y no descartó la posibilidad de licenciar la imagen digital para papeles cinematográficos contemporáneos. La conexión con la empresa anunciante tiene además un antecedente histórico: la actriz participó en una película promocional para la misma compañía en 1921, lo que otorga cierta coherencia narrativa a la campaña.

Vacío regulatorio y riesgo legal

El avance de esta tecnología ocurre en un entorno legal fragmentado. En Estados Unidos, las leyes de derecho de publicidad varían por estado y no existe una regulación federal unificada sobre el uso comercial de identidades digitales de personas fallecidas. En México y gran parte de América Latina, el marco es aún más difuso. Esto genera una asimetría de riesgo: las empresas que utilizan estas recreaciones sin acuerdos explícitos con los herederos quedan expuestas a litigios, mientras que quienes sí negocian los derechos enfrentan la ausencia de estándares contractuales establecidos.

El debate de fondo no es solo ético. Es estructural: a medida que los modelos generativos reducen el costo de producción de identidades digitales, la presión sobre los marcos de propiedad intelectual y los derechos de imagen se intensificará. Las organizaciones que dependan de activos de marca vinculados a personas —reales o históricas— necesitan anticipar este escenario en su estrategia de gestión de riesgos, antes de que la tecnología avance más rápido que sus contratos.