Del accidente doméstico al producto de moda: cómo nace una marca a partir de la pérdida

Perder una prenda favorita puede ser un punto de inflexión creativo. Así ocurrió con la diseñadora Liana Satenstein, quien al arruinar accidentalmente una camisa vintage que atesoraba, decidió no buscar un reemplazo en el mercado, sino crearlo. El resultado fue una blusa de algodón que replica el escote de la prenda perdida, pero incorpora un broche funcional que permite alternar entre un ojal tradicional y un escote en V, ampliando su versatilidad de uso.

Detrás del producto hay una decisión de marca con raíces culturales concretas. El nombre elegido, Oksana, proviene de un viaje que Satenstein realizó a Ucrania durante su último año de preparatoria, país de origen de su abuela. Allí encontró que el nombre era común entre mujeres que proyectaban calidez y determinación. Esa asociación personal se convirtió en el eje de identidad de la marca: un nombre que para su fundadora representa fortaleza y presencia.

La campaña de lanzamiento fue fotografiada por Mayan Toledano en locaciones de Nueva York y París, con la participación de figuras reconocidas del sector como la estilista Éline Hoyois y la publicista Ibtissame Bellehouane. La dirección creativa tomó como referencia el cine erótico europeo, particularmente una escena de la película Infiel protagonizada por Diane Lane, en la que la ropa interactúa con el cuerpo como parte de la narrativa visual. Esta referencia no es decorativa: define la intención sensorial que Satenstein quiere transmitir a través de la prenda.

El caso ilustra un patrón recurrente en el surgimiento de marcas de nicho en la industria de la moda: la insatisfacción con la oferta existente, combinada con una narrativa personal auténtica y una dirección estética coherente, puede construir una propuesta diferenciada sin depender de grandes presupuestos de lanzamiento.