Tres investigadores de seguridad recientemente despedidos por una de las principales organizaciones de inteligencia artificial del mundo emitieron una carta abierta en la que niegan haber manejado de forma inapropiada información sensible, y advierten que la manera en que se comunicó su salida está generando un efecto inhibidor en la cultura interna de la empresa.
Jasmine Wang, Tomek Korbak y Mikita Balesni, quienes formaban parte del equipo de seguridad de OpenAI, dirigieron su comunicación al Comité de Seguridad y al Consejo Asesor de Misión de la organización. En ella señalan que "las comunicaciones internas y externas sobre nuestro despido han hecho que nuestros antiguos colegas tengan miedo de hablar y operar de maneras que, hasta la semana pasada, eran parte integral de trabajar en OpenAI".
El núcleo del conflicto: colaboración externa y políticas internas
Los despidos se produjeron tras acusaciones de haber compartido información confidencial con una organización externa dedicada a la seguridad en IA. La empresa argumentó que los investigadores habían violado políticas internas al "acceder y manejar información sensible". Sin embargo, los afectados sostienen que esa colaboración con expertos externos es precisamente una de las herramientas fundamentales del trabajo en seguridad de sistemas de inteligencia artificial.
"Los que trabajamos en seguridad vemos riesgos antes que nadie, y confiamos en una estrecha colaboración con expertos externos para resolver cómo abordarlos", escribieron. Argumentaron que la libertad para hacerlo sin temor a represalias, junto con procedimientos internos claros, constituye un mecanismo de seguridad esencial —no una vulnerabilidad.
Los tres investigadores también negaron estar involucrados en una filtración relacionada con arquitecturas menos monitoreables en modelos recientes, así como haber interactuado con partes externas fuera del alcance de sus funciones.
El riesgo organizacional detrás del caso
Más allá de la disputa individual, el episodio expone una tensión estructural que afecta a cualquier organización que desarrolle tecnología de alto riesgo: cómo preservar la capacidad de los equipos especializados para señalar riesgos sin que el miedo a represalias distorsione su juicio o su disposición a actuar.
"Los empleados no deben trabajar en un entorno donde el miedo y reglas poco claras obstaculicen su labor y debiliten la rendición de cuentas de terceros", indicaron los investigadores. "Los despidos como el nuestro, ejecutados y comunicados de manera tan abrupta, están enfriando la cultura abierta que OpenAI ha valorado en el pasado".
En respuesta interna, la organización circuló un memorándum que reconoce las contribuciones de los tres investigadores y niega que los despidos hayan sido una represalia por plantear preocupaciones de seguridad. "Siempre hemos alentado eso y siempre lo haremos", señala el documento. No obstante, la empresa no ha respondido públicamente a preguntas sobre las políticas específicamente violadas, las circunstancias exactas de los despidos ni los mecanismos de protección disponibles para quienes colaboran con evaluadores externos.
Esa falta de claridad es, precisamente, lo que los investigadores identifican como el problema central: en un campo donde la detección temprana de riesgos depende de la confianza y la comunicación abierta, la ambigüedad sobre qué conductas son aceptables puede ser tan costosa como cualquier brecha de seguridad técnica.




