Robots cuadrúpedos, escáneres de alta energía y cámaras corporales forman parte de una estrategia tecnológica que está redefiniendo la operación aduanera en El Salvador. La Dirección General de Aduanas del país ha comenzado a desplegar más de cinco perros robot en puntos fronterizos clave, con uno de ellos —denominado Bartolito— ya operativo en la terminal del Aeropuerto Internacional. La iniciativa apunta a fortalecer la videovigilancia y la gestión de riesgos sin reducir la plantilla humana, sino recalificándola hacia perfiles técnicos en robótica, inteligencia artificial y mantenimiento especializado.

Escáneres que comprimen tiempos de revisión en 98%

Más allá de los robots, el componente de mayor impacto operativo son los escáneres de alta energía capaces de revisar contenedores de carga sin necesidad de abrirlos. El resultado es una reducción del tiempo de inspección de 10 minutos a 10 segundos por unidad, lo que equivale a una compresión del 98% en el proceso. Estos equipos ya operan en puntos estratégicos como El Amatillo, La Hachadura y el puerto de Acajutla, con planes de expansión a otros pasos fronterizos. El Salvador se posiciona como el segundo país en América —después de Estados Unidos— en contar con esta tecnología de inspección no intrusiva a escala aduanera.

La ganancia no es solo de velocidad. Los escáneres permiten verificar que la mercancía declarada coincida con la que efectivamente cruza la frontera, lo que fortalece los controles contra el contrabando y otras actividades ilícitas. Para operaciones logísticas de alto volumen, esta capacidad de trazabilidad en tiempo real representa una variable crítica de cumplimiento y riesgo.

Transparencia operativa como eje de la modernización

La estrategia incluye también la dotación de cámaras corporales y tabletas al personal aduanero. Estos dispositivos registran los procedimientos en campo y automatizan la captura de datos operativos, generando un registro auditable de cada intervención. El objetivo declarado es reducir la discrecionalidad en los procesos y prevenir actos de corrupción, dos variables que históricamente han afectado la competitividad logística de la región.

Paralelamente, la institución proyecta la creación de una escuela aduanera de logística orientada a capacitar tanto a su propio personal como a empresarios vinculados al comercio exterior. Esta decisión refleja una lectura estratégica clara: la tecnología sin capital humano calificado no escala. La formación en robótica e IA deja de ser un diferenciador y se convierte en un requisito operativo básico para quienes gestionan cadenas de suministro transfronterizas en la región.