México avanza más rápido que el promedio global en la adopción de inteligencia artificial: el 26% de las empresas mexicanas se encuentra en una fase activa de implementación, frente al 22% a nivel global, según el estudio Global AI Pulse Q2 2026 de KPMG. Sin embargo, solo el 7% de esas empresas reporta un retorno de inversión consolidado. Esa brecha entre despliegue tecnológico y resultados de negocio es hoy el problema central de la agenda de transformación digital en el país.
En un encuentro con altos directivos de empresas mexicanas organizado junto con IE Business School en la Ciudad de México, Kingsley Gate colocó este diagnóstico en el centro del debate. Umesh Ramakrishnan, cofundador y Chief Strategy Officer de la firma, advirtió sobre lo que denominó "la trampa de la eficiencia": "Las empresas que usan la IA para reducir costos y acelerar procesos logran mejoras que también alcanzan sus competidores con las mismas herramientas. Para construir una ventaja duradera, los líderes deben aprovechar la IA para desarrollar nuevos productos, servicios y modelos de negocio".
La brecha de decisión: el 63% de los ejecutivos no alinea su estilo con el de su organización
Más allá de la inversión tecnológica, la adopción de IA expone una fractura interna en la toma de decisiones. Un estudio de Kingsley Gate y FT Longitude en seis países latinoamericanos, incluido México, revela que apenas el 37% de los altos ejecutivos considera que su estilo de toma de decisiones coincide con el de su organización.
Esta desalineación se vuelve crítica cuando la IA entra en el proceso decisional. Sin criterios compartidos sobre qué decisiones requieren apoyo tecnológico, cómo evaluar las respuestas de los modelos y quién asume la responsabilidad por los resultados, las herramientas de IA operan desconectadas de las prioridades estratégicas del negocio. Cerrar esa brecha exige acuerdos explícitos dentro de la organización, no solo infraestructura tecnológica.
Del ahorro operativo a la generación de valor: el enfoque "AI for people"
Kingsley Gate propone reorientar la narrativa de la IA desde la reducción de costos hacia la expansión de capacidades. Su enfoque, denominado "AI for people", plantea que la inversión en inteligencia artificial genera mayor retorno cuando se usa para ampliar las habilidades de los equipos existentes y convertir su conocimiento del negocio en nuevos modelos de ingresos.
Esto implica un cambio en cómo se diseñan las iniciativas de IA: seleccionar proyectos con objetivos concretos y medibles, asignar responsables claros y preparar a los equipos para interpretar y aplicar la información que producen estas herramientas. La alta dirección, en este esquema, debe definir qué iniciativas abren nuevas fuentes de ingresos y cómo evaluar su contribución al retorno más allá de los ahorros operativos.
El perfil de liderazgo que la IA está redefiniendo
La transformación tecnológica también está modificando las competencias que las organizaciones demandan de sus directivos. Mike Bergen, socio sénior de Mercados Globales y líder de la práctica global de Recursos Humanos de Kingsley Gate, señaló: "Al evaluar a un directivo, resulta clave entender cómo responde a los desafíos que enfrenta el negocio. La IA permite identificar líderes capaces de encontrar mayor valor de negocio, preparar a sus equipos y medir los resultados".
Conocer el negocio y gestionar equipos ya no es suficiente. Las organizaciones que buscan convertir el acceso a la tecnología en ventaja competitiva necesitan directivos que sepan identificar oportunidades de aplicación de IA, impulsar ciclos de innovación y traducirlos en métricas de negocio verificables. Esa capacidad, más que la tecnología en sí, es lo que diferencia a las empresas que cierran la brecha entre inversión y retorno.
