Proteger la identidad digital de los menores está dejando de ser una conversación exclusiva de familias para convertirse en una variable estratégica dentro de la industria publicitaria. Una marca española de calzado infantil acaba de eliminar los rostros identificables de niños y niñas de todas sus campañas, redes sociales y canales comerciales, en lo que representa uno de los primeros movimientos formales del sector hacia una publicidad sin exposición facial de menores.
El respaldo social a esta decisión es significativo: el 92% de los padres consultados en España la percibe como un acto de protección y responsabilidad. Pero el dato que más presión ejerce sobre las estrategias de contenido empresarial proviene de otro ángulo: el 87% de los encuestados afirma que la inteligencia artificial ha cambiado su percepción sobre el riesgo de compartir imágenes infantiles. El estudio, realizado por Toluna sobre una muestra de 1,126 padres y madres con hijos de entre 0 y 13 años, también señala que el 85% considera que los adultos construyen una identidad digital de los menores antes de que estos puedan decidir sobre ella, y que el 91% reconoce los riesgos asociados a esa práctica.
Un cambio de lenguaje visual, no de conexión emocional
La estrategia no implica eliminar a los niños de las producciones, sino transformar la gramática visual con la que se les representa. Las nuevas campañas se centrarán en movimientos, manos, pies y situaciones cotidianas, donde el calzado ocupa el primer plano narrativo. La apuesta es técnicamente exigente: durante décadas, la publicidad infantil ha dependido de las expresiones faciales como principal detonador de empatía con las familias. Prescindir de ese recurso obliga a replantear la dirección creativa desde la preproducción.
"Durante muchísimos años, la publicidad ha entendido que los rostros son uno de los principales recursos para conectar emocionalmente. Nosotros también los hemos utilizado. Y ahora nos estamos planteando si podemos seguir emocionando a las familias sin necesidad de mostrar las caras de los niños", señaló Eva Martín-Caro, directora general de la marca.
Implicaciones para la industria
El alcance del compromiso abarca campañas, sitio web, redes sociales y newsletters, con la previsión de adaptar los criterios a medida que evolucionen tanto las tecnologías como las recomendaciones de especialistas en privacidad digital e infancia. Ese último punto es relevante: el marco regulatorio en torno a la identidad digital de menores está en construcción activa en múltiples jurisdicciones, y las empresas que anticipen esos estándares reducen su exposición legal y reputacional.
Para cualquier organización que opere en mercados de consumo familiar —retail, educación, salud, entretenimiento—, esta iniciativa plantea una pregunta concreta: ¿qué porcentaje del archivo visual de la empresa contiene imágenes de menores identificables, y bajo qué consentimientos fueron obtenidas? La respuesta a esa pregunta podría determinar la urgencia con la que se revisan las políticas internas de producción de contenido.
El movimiento abre un debate de fondo sobre si la protección de la infancia en el entorno digital debe ser una decisión voluntaria de las marcas o si, ante la aceleración de las capacidades de reconocimiento facial y síntesis de imágenes por IA, el sector necesita marcos de autorregulación más explícitos.




