Menos de dos meses después de su lanzamiento, la versión de ChatGPT diseñada para usuarios de entre 13 y 17 años fue catalogada con el nivel de riesgo más bajo posible por el Instituto de Seguridad de IA Juvenil de Common Sense Media: Riesgo Inaceptable. La evaluación, publicada el 7 de octubre de 2026, analizó más de 4,000 interacciones en dos periodos distintos —antes y después del despliegue oficial— e involucró a psiquiatras infantiles, pediatras especializados y expertos en desarrollo adolescente.
El producto no es una aplicación independiente, sino un conjunto de configuraciones predeterminadas que OpenAI aplica automáticamente a cuentas de menores. Sus características centrales incluyen alertas parentales ante conversaciones de riesgo, un modo de tutoría configurable por los padres y parámetros de comportamiento que buscan posicionar al chatbot como herramienta de apoyo, no como interlocutor social. Sin embargo, los resultados del análisis cuestionan la efectividad de esas salvaguardas en la práctica.
Ocho principios evaluados, dos con riesgo inaceptable
El Instituto evalúa ocho principios de IA de forma individual. Los principios de Mantener Seguros a Niños y Adolescentes y Poner a las Personas en Primer Lugar recibieron la calificación de Riesgo Inaceptable. Cuatro principios adicionales —Ser Efectivo, Apoyar la Conexión Humana, Usar Datos de Manera Responsable y Ser Transparente y Responsable— fueron clasificados como Riesgo Alto. Solo dos principios, Priorizar la Equidad y Ser Confiable, obtuvieron una calificación de Riesgo Moderado.
Esta no es la primera vez que la herramienta recibe señales de alerta. En octubre de 2025, una revisión anterior ya había asignado una calificación de Alto Riesgo al producto general, y en noviembre del mismo año, una evaluación específica sobre su uso en apoyo de salud mental lo ubicó directamente en Riesgo Inaceptable.
El problema de privacidad que va más allá de la interfaz
Uno de los hallazgos más significativos del informe está fuera de las siete secciones principales de seguridad: la privacidad de los datos de menores. Según la revisión del afiliado de privacidad del Instituto, las conversaciones de adolescentes se utilizan por defecto para entrenar los modelos de OpenAI, a menos que un padre o el propio menor desactive esa configuración de forma explícita.
Además, eliminar los datos de una cuenta solo detiene el entrenamiento futuro; no revierte el uso de datos ya procesados. A esto se suma que OpenAI no cuenta con una política de privacidad específica para usuarios menores de edad, lo que representa una brecha regulatoria relevante en un contexto donde legislaciones como COPPA en Estados Unidos y marcos equivalentes en América Latina están bajo creciente escrutinio.
Para organizaciones que despliegan herramientas de IA en entornos educativos o que gestionan datos de usuarios jóvenes, este tipo de hallazgos tiene implicaciones directas en términos de cumplimiento normativo, gestión de riesgo reputacional y responsabilidad ante reguladores. La pregunta ya no es si los modelos de lenguaje pueden ser útiles para menores, sino bajo qué condiciones de gobernanza es aceptable implementarlos.




