Veintiún máquinas extraordinarias, tecnologías clandestinas y una mirada irónica sobre la inteligencia artificial conforman "Sala de máquinas", antología de cuentos del escritor mexicano Alejandro Arteaga, reconocida con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2025, uno de los galardones literarios más relevantes del país.

Arteaga define su obra como un "bestiario de máquinas": un índice de inventos imposibles que funcionan como detonadores narrativos. Entre ellos aparecen la Silla del Monstruo, la Máquina Möbius —que estimula pensamientos complejos—, el Ojo del Tiempo —un objeto clandestino del siglo XIX que evoca recuerdos de sueños—, y la máquina Morgana, capaz de proyectar literatura automática. Este último relato, que ilustra la portada del libro, obtuvo el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez en 2024 y sitúa a un invento surrealista como catalizador de obras de intelectuales como Octavio Paz, Rodolfo Usigli y Jorge Luis Borges.

La IA como materia literaria, no como herramienta

Lo que distingue el enfoque de Arteaga es su postura crítica frente a las tecnologías generativas. En sus propias palabras: "el resultado de estas tecnologías es bastante limitado". Para el autor, la proliferación de sistemas de IA aplicados a la creación artística no ha producido obras verdaderamente novedosas, sino combinaciones de lo ya existente. Esa tensión —entre el potencial declarado de la IA y sus resultados concretos— es precisamente lo que lo impulsa a escribir ficciones sobre máquinas que sí logran lo que las actuales no pueden.

Esta perspectiva tiene implicaciones que van más allá de la literatura. En un contexto donde organizaciones de todos los sectores evalúan la integración de IA generativa en procesos creativos, de comunicación y de toma de decisiones, la pregunta sobre los límites reales de estas herramientas sigue siendo estratégicamente relevante. La brecha entre el discurso sobre la IA y su desempeño medible en tareas complejas es un factor que incide directamente en decisiones de adopción tecnológica.

El ingenio como modelo: del taller familiar a la narrativa

El libro también funciona como homenaje implícito a una forma de inteligencia práctica que los sistemas automatizados difícilmente replican: la capacidad de entender los principios de una máquina y construir una nueva a partir de ellos. Arteaga lo ilustra con la figura de su padre, mecánico de compresores que fabricaba sus propias herramientas. "Antes de morir, lo último que construyó fue un torno para madera. Él hizo las piezas y es una máquina que funciona", relata el autor.

Esa habilidad —convertirse en inventor sin proponérselo, a partir de comprensión profunda y no de instrucciones predefinidas— es precisamente lo que los debates actuales sobre automatización y creatividad artificial aún no han resuelto. "Sala de máquinas" no ofrece respuestas técnicas, pero sí un marco narrativo para pensar los límites de lo que las máquinas, reales o imaginarias, pueden hacer por sí solas.