Declarar de utilidad pública los proyectos nacionales de inteligencia artificial y robótica es la apuesta más reciente de El Salvador para acelerar su posicionamiento tecnológico en la región. El decreto, publicado en el Diario Oficial, exime estas iniciativas de los procedimientos estándar de compras públicas y habilita a la Agencia Nacional de Inteligencia Artificial (ANIA) para contratar directamente bienes, servicios y licencias sin los trámites habituales. Los profesionales extranjeros vinculados a estos proyectos podrán obtener residencia temporal de hasta dos años —extensible a sus familias— sin necesidad de homologar títulos académicos.
Este movimiento normativo coincide con la publicación de la cuarta edición del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), que evalúa la madurez de los ecosistemas de IA en 20 países. El Salvador obtuvo 37.9 sobre 100 e ingresó por primera vez a la categoría de "adoptantes", aunque por debajo de Costa Rica, República Dominicana y Panamá dentro del bloque centroamericano y caribeño. El resultado evidencia una asimetría estructural: avances normativos sólidos que aún no se traducen en capacidad productiva tangible.
Gobernanza como ventaja, infraestructura como freno
El punto más alto del país está en gobernanza, donde alcanzó 61.3 puntos —una de las calificaciones más elevadas de la región en esa categoría. El Salvador cuenta con una estrategia nacional de IA publicada, una institución coordinadora designada (la ANIA) y un Registro Nacional de Desarrollo, Innovación y Aplicación de IA. Junto a Perú, es uno de los pocos países latinoamericanos con legislación específica en la materia: la Ley de Promoción de la Inteligencia Artificial y Tecnologías, desarrollada con respaldo de organismos internacionales.
Sin embargo, los factores habilitantes —infraestructura, datos y talento— obtuvieron apenas 35.1 puntos, y las dimensiones de investigación, desarrollo y adopción empresarial cayeron a 24.7. Esa brecha entre marco regulatorio y capacidad de ejecución es el principal riesgo para la estrategia: sin infraestructura técnica ni ecosistema de empresas locales que absorba y aplique la tecnología, las normas quedan como arquitectura sin cimientos.
El presupuesto, la variable que define si la estrategia escala
Uno de los factores que el ILIA señala como limitante transversal en la región es la ausencia de presupuesto específico para implementar las estrategias nacionales de IA. El Salvador no es la excepción. Tener una hoja de ruta sin financiamiento asignado convierte la política pública en declaración de intención, no en plan de acción.
El sistema educativo ha comenzado a incorporar contenidos de inteligencia artificial y el gobierno avanza en digitalización, pero la velocidad de esos cambios estructurales determina si el país puede cerrar la distancia con sus vecinos mejor posicionados. Para las organizaciones que operan o evalúan expansión en Centroamérica, el perfil de El Salvador representa un mercado con señales regulatorias claras pero con incertidumbre sobre la profundidad del ecosistema tecnológico local en el corto plazo.




