América Latina enfrenta una paradoja que podría definir su competitividad en la próxima década: la adopción acelerada de inteligencia artificial no se traduce automáticamente en mayor productividad empresarial. La productividad laboral en la región equivale a aproximadamente un tercio del promedio de los países de la OCDE, una brecha que persiste incluso cuando las herramientas tecnológicas se vuelven más accesibles.
Un estudio reciente indica que el 85% de las startups cuya actividad principal no es la IA ya utilizan herramientas generativas. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre usar IA para redactar correos o preparar presentaciones, y aplicarla en áreas críticas como inventarios, producción o control de calidad. Esta segunda categoría exige una reestructuración profunda de procesos internos, algo que pocas pymes están preparadas para ejecutar sin acompañamiento especializado.
El problema del "missing middle"
El concepto de missing middle —la ausencia de actores intermedios que faciliten la adopción tecnológica— explica en parte por qué la brecha persiste. Existen empresas que desarrollan herramientas de IA y un volumen creciente de organizaciones que las adoptan superficialmente, pero escasean los profesionales capaces de implementar estas tecnologías en los procesos cotidianos de una pyme: alguien que entienda tanto la lógica del negocio como las capacidades técnicas de la herramienta.
Esta dinámica no es nueva. La electrificación industrial no transformó las fábricas de forma inmediata; requirió reorganizar instalaciones, rediseñar flujos de trabajo y capacitar operadores. La informática enfrentó un proceso similar. La IA podría comprimir estos ciclos de aprendizaje, pero también puede amplificar las disparidades entre empresas con mayor y menor capacidad de adaptación.
El modelo indio como referencia
La experiencia de India ofrece un punto de comparación relevante. Mientras otras economías compiten por desarrollar modelos de IA propios, India ha priorizado la adopción y la integración tecnológica, apoyándose en décadas de experiencia en outsourcing y resolución de problemas empresariales. Iniciativas como FutureSkills Prime, impulsadas conjuntamente por el gobierno y la industria tecnológica, buscan actualizar competencias profesionales a escala para acompañar esta transformación.
América Latina cuenta con una base comparable: una industria de software y servicios tecnológicos con experiencia acumulada en outsourcing e integración de sistemas. El desafío es canalizar ese capital humano hacia el acompañamiento de pymes en sectores productivos concretos.
Facilitadores sectoriales, no generalistas
La IA está redefiniendo el perfil del consultor tecnológico. El valor ya no reside únicamente en el conocimiento técnico de una herramienta específica, sino en la combinación de ese conocimiento con experiencia sectorial profunda. Un especialista en logística que comprende estructuras de costos de producción puede identificar y resolver problemas que una recomendación genérica de software no alcanza a diagnosticar.
Este nuevo perfil de facilitador —que combina comprensión de procesos productivos con capacidad de implementación tecnológica— deberá evolucionar junto con las herramientas, evitando especializaciones rígidas que queden obsoletas en ciclos cortos.
Ecosistemas como palanca de productividad
La adopción de IA en pymes no ocurre en aislamiento. Parte de la productividad se construye en relaciones interconectadas: grandes empresas que impulsan mejoras en sus cadenas de proveedores, startups que co-desarrollan soluciones con sus clientes, universidades que transfieren conocimiento aplicado. Los ecosistemas de emprendimiento e innovación funcionan como aceleradores cuando están bien articulados.
Las instituciones de apoyo —cámaras, fondos de desarrollo, agencias gubernamentales— enfrentan la necesidad de redefinir su rol en este contexto. Acompañar a las empresas en una adopción efectiva de IA requiere capacidades distintas a las que históricamente han ofrecido, y esa actualización institucional es, en sí misma, un desafío de gestión estratégica.




