Siete profesores de Harvard Business School cuentan ahora con réplicas digitales entrenadas con inteligencia artificial, disponibles las 24 horas para que estudiantes y fundadores de empresas practiquen presentaciones ante inversores, llamadas de ventas y reuniones de directorio. El programa, denominado HBS Foundry, opera como un curso virtual de ocho semanas y utiliza videos generados por la plataforma HeyGen para simular respuestas y materiales de cada docente. Desde su lanzamiento en abril de 2026, el modelo ya ha sido adoptado por más de 100 universidades en Estados Unidos y otros países.
La lógica detrás del avatar: práctica a escala
El argumento central del programa no es tecnológico, sino pedagógico. Foteini Giannopoulou, diseñadora instruccional de la iniciativa, lo resume con precisión: "Podemos ir más allá del acceso a la información y avanzar hacia un acceso más amplio a la práctica". En entornos presenciales, el tiempo de práctica supervisada es un recurso escaso; los avatares eliminan esa restricción horaria y geográfica.
Katharina Rings, directora de HBS Foundry, añade un matiz relevante sobre adopción: saber que detrás del avatar existe un profesor real —con nombre, trayectoria y criterio propio— aumenta la disposición de los participantes a interactuar con la herramienta. Ese factor de confianza diferencia este modelo de los asistentes de IA genéricos, que los usuarios suelen percibir como cajas negras sin responsabilidad editorial.
Encuestas internas del programa reportan que quienes entrenan con los avatares llegan con mayor seguridad a encuentros laborales reales y producen exposiciones más estructuradas. No obstante, Rings reconoce que aún no existen datos longitudinales que comparen el desempeño de estos participantes frente a quienes no utilizaron la herramienta, una brecha de evidencia que limita conclusiones definitivas sobre impacto.
Un precedente en Londres y la cuestión de la propiedad intelectual
El Imperial College de Londres anticipó este modelo. En enero de 2024, el profesor David Shrier lanzó Davatar, su clon digital para la asignatura AI Ventures, entrenado con más de medio millón de palabras extraídas de sus propios escritos. La matrícula del curso creció de 78 a cerca de 200 estudiantes, aunque Shrier advierte que ese incremento no equivale necesariamente a una mejora en la calidad formativa.
El caso de Shrier también expone uno de los riesgos estructurales del modelo: una institución donde trabajó anteriormente continuó usando sus videos para promocionar un curso después de su salida, lo que derivó en acciones legales. Esa experiencia lo llevó a desarrollar una versión controlada de su propia imagen. "Ahora mi nombre, mi imagen y mi apariencia me pertenecen", declaró. La anécdota ilustra que la propiedad intelectual sobre la identidad docente es una variable no resuelta en la adopción institucional de esta tecnología.
Riesgos operativos que las instituciones deben gestionar
Los especialistas identifican tres vectores de riesgo concretos: que el avatar entregue respuestas incorrectas, que la información esté desactualizada o que no refleje el pensamiento real del docente en un momento dado. Harvard permite a sus profesores revisar y ajustar el comportamiento de sus réplicas, pero ese mecanismo de supervisión requiere tiempo y protocolos de actualización que no todas las instituciones están en condiciones de sostener.
Para organizaciones que evalúen implementar tecnología similar en programas de formación corporativa o desarrollo de talento, los interrogantes clave no son técnicos sino de gobernanza: ¿quién valida la precisión del avatar?, ¿con qué frecuencia se actualiza?, ¿qué ocurre con la imagen del experto si la relación institucional termina? Estas preguntas definen si el modelo escala con integridad o genera pasivos reputacionales a mediano plazo.




