Veinte años de producción publicitaria audiovisual han bastado para que el sector enfrente su mayor tensión estructural: determinar hasta dónde puede llegar la automatización sin comprometer el impacto real de una campaña.
En sus jornadas anuales más recientes, la industria de productoras cinematográficas publicitarias combinó exploración de localizaciones con debates sobre tecnología y reflexiones sobre el futuro del negocio. El encuentro arrancó en Valencia, en colaboración con la Valencia Film Office, con visitas a espacios como la Universitat Politècnica de València, el barrio del Cabanyal y la Marina, todos evaluados por su potencial para producciones de alcance internacional.
Esta colaboración entre industria e instituciones locales tiene un componente económico concreto: la atracción de rodajes internacionales genera derrama directa y posiciona a las ciudades como destinos competitivos frente a otros mercados europeos consolidados. Valencia, con su diversidad arquitectónica y condiciones de luz, emerge como una alternativa viable dentro de ese mapa.
El límite real de la inteligencia artificial en producción creativa
El debate central de las jornadas giró en torno al papel de la inteligencia artificial en los procesos creativos. Uri Segarra, realizador con más de treinta años de trayectoria, fue directo: «No creo que todo se pueda hacer con IA». Su argumento no es tecnofóbico; es estructural. La IA puede automatizar tareas técnicas y acelerar flujos de trabajo, pero no replica el criterio editorial ni la sensibilidad narrativa que distinguen una pieza publicitaria efectiva de una genérica.
Esta distinción tiene consecuencias directas para quienes toman decisiones de inversión en producción. La tentación de reducir costos vía automatización es comprensible, pero el riesgo es producir volumen sin impacto. El productor David Rodríguez lo sintetizó con precisión en el podcast Fuera de foco, junto a Mariana Hernández Delfino: «Que un anuncio se repita constantemente no significa que esté generando valor».
Métricas bajo revisión: de impresiones a impacto real
La economía de la atención —que mide el éxito publicitario a través de exposición e impresiones— está siendo cuestionada desde dentro de la industria. Las discusiones durante las jornadas apuntaron a reorientar las métricas hacia indicadores de valor real: recordación de marca, cambio de comportamiento del consumidor y construcción de marca a largo plazo.
Este replanteamiento implica revisar cómo se evalúan las campañas, qué se exige a las productoras y cómo se define el éxito de una pieza audiovisual en un entorno donde el inventario de espacios publicitarios digitales es prácticamente ilimitado. La saturación que enfrenta el mercado no es un problema de distribución: es un problema de relevancia.
En un ecosistema donde la IA ha reducido las barreras de entrada a la producción, la diferenciación competitiva se desplaza hacia el criterio, la experiencia acumulada y la capacidad de construir narrativas que trasciendan el scroll. La calidad deja de ser una variable estética para convertirse en una decisión estratégica con impacto medible en el negocio.




