Tres décadas separan el momento en que la telefonía fija dominaba las comunicaciones en México del escenario actual, donde la misma infraestructura acumula pérdidas sostenidas y busca reinventarse en torno a la conectividad de banda ancha. Lo que en los años noventa era un servicio esencial para millones de hogares —y el centro de campañas publicitarias de alto impacto en televisión abierta— hoy enfrenta una presión estructural que combina cambios tecnológicos, competencia móvil y cargas financieras históricas.

Diez años de números rojos y un pasivo que pesa

En febrero de 2024, el principal accionista de Teléfonos de México reconoció públicamente que la empresa ha operado con pérdidas durante la última década. El factor central: un pasivo laboral estimado en aproximadamente 270,000 millones de pesos, acumulado a lo largo de años de obligaciones contractuales con su plantilla. Esta carga financiera, combinada con un marco regulatorio que ha limitado la capacidad de la compañía para competir en segmentos de mayor margen, explica en gran medida el deterioro de su rentabilidad.

La situación no es exclusiva de México. En mercados maduros de América Latina y Europa, los operadores de telefonía fija tradicional han enfrentado presiones similares: caída en el volumen de llamadas de voz, migración masiva de usuarios hacia servicios móviles y plataformas de mensajería digital, y dificultad para monetizar redes construidas bajo un modelo de negocio que el mercado ya superó.

La apuesta por banda ancha como eje de reconversión

Frente a este contexto, la estrategia declarada apunta a reposicionar la infraestructura existente hacia servicios de internet de banda ancha y conectividad empresarial. Esta transición no es trivial: requiere inversión en modernización de red, capacidad para competir con operadores móviles que ya ofrecen datos de alta velocidad, y una propuesta de valor diferenciada para el segmento corporativo.

La decisión de mantener la empresa —descartando una venta— tiene implicaciones que van más allá de lo financiero. Preservar una red de telecomunicaciones de escala nacional bajo control privado nacional es, en sí mismo, un posicionamiento estratégico en un sector donde la infraestructura crítica tiene peso geopolítico y regulatorio.

Lo que revela este caso sobre el sector

La trayectoria de la telefonía fija en México ilustra un patrón que se repite en industrias con alta dependencia de infraestructura física y marcos laborales rígidos: la velocidad del cambio tecnológico supera la capacidad de adaptación de estructuras organizacionales construidas para otro ciclo de mercado.

Para cualquier empresa con activos intensivos en capital y compromisos laborales de largo plazo, este caso ofrece una señal de alerta sobre la importancia de anticipar la obsolescencia del modelo de ingresos antes de que los pasivos superen la capacidad de maniobra. La pregunta relevante no es si la telefonía fija tiene futuro, sino si la infraestructura que la soporta puede generar valor suficiente bajo un modelo de conectividad de nueva generación.