Deseabilidad sostenida: cómo una marca de lujo construye relevancia colección tras colección
Construir deseabilidad sostenida en el mercado del lujo es uno de los desafíos más complejos de la industria, y pocas marcas lo están logrando con la consistencia que muestra Celine en su ciclo actual. Tres presentaciones consecutivas —la colección FW26 y las colecciones masculina y femenina SS27— han sido recibidas como una secuencia de aciertos por la crítica especializada, incluyendo el equipo editorial de Vogue Runway y Vogue Business, cuya directora global Nicole Phelps destacó a la marca como referente indiscutible de la temporada.
El fenómeno tiene dos motores identificables. Por un lado, el enfoque del director creativo en prendas con identidad visual fuerte y uso cotidiano real: suéteres en rojo intenso, lentes en forma de disco y vestidos plisados que han migrado de las pasarelas a las calles de París y Nueva York. Por otro, una dirección ejecutiva que ha mantenido la coherencia estratégica desde 2017, priorizando la construcción de marca sobre el volumen de lanzamientos. Esta combinación —visión creativa con disciplina comercial— es precisamente lo que escasea en el lujo contemporáneo, donde la rotación acelerada de directores creativos y la presión por resultados trimestrales suelen fragmentar la identidad de las marcas.
Lo que emerge de este ciclo es una lección de gestión aplicable más allá de la moda: la deseabilidad no se genera con campañas, sino con productos que el consumidor adopta de forma orgánica. Cuando una prenda aparece en la alfombra roja —como el vestido plateado de Carey Mulligan— sin ser el resultado de un acuerdo de patrocinio explícito, el valor de marca generado es cualitativamente distinto al de la publicidad convencional. Esa distinción, difícil de cuantificar pero fácil de percibir, es la que define el posicionamiento de largo plazo en el segmento premium.




