Ergonomía, identidad visual y sostenibilidad convergen en una nueva generación de soluciones de asientos para entornos laborales y espacios públicos. El grupo escandinavo Flokk, que agrupa a 11 marcas especializadas en mobiliario de trabajo, presentó este año una serie de piezas que ilustran hacia dónde se mueve el diseño de oficina: materiales con historia, configuraciones adaptables y una apuesta explícita por reducir la huella ambiental de la producción.

Identidad cultural como diferenciador de producto

Una de las piezas más representativas de esta tendencia es la silla HÅG X Recouture Capisco, cuyo respaldo en forma de cruz fue concebido originalmente por el diseñador Peter Opsvik en 1984. La versión más reciente incorpora un tejido vintage noruego llamado åkle —caracterizado por sus patrones geométricos y paleta cromática intensa— desarrollado en colaboración con la marca textil Recouture. Cada unidad resulta única por la naturaleza exclusiva del material, complementado con tapizado de lana en tono sólido. Esta lógica de producción limitada responde a una demanda creciente en el segmento corporativo: espacios de trabajo que comuniquen valores de marca sin recurrir a soluciones genéricas.

Modularidad como respuesta a la oficina híbrida

El sistema Terrain, diseñado por el estudio Webb para la marca Connection, ejemplifica otro vector clave del sector: la flexibilidad de configuración. Sus módulos curvilíneos están pensados para lobbies, zonas de coworking y entornos educativos, donde la distribución del espacio cambia con frecuencia. La posibilidad de reconfigurar el sistema sin intervención técnica reduce costos operativos y extiende la vida útil del mobiliario, dos variables que pesan cada vez más en las decisiones de compra corporativa.

En la misma línea, el sofá modular Leo —diseñado por el estudio turco Km34— combina asientos con resortes y almohadas de plumas con una estructura de metal de perfil delgado. La disponibilidad de cojines en una amplia gama cromática permite adaptar la pieza a distintas identidades de marca sin necesidad de reemplazar el conjunto.

Materiales reciclados y compacidad como ventaja competitiva

La silla HÅG Minu, obra de los diseñadores noruegos Andreas Engesvik y Jannicke Grung, introduce una variable que gana peso en los procesos de compra con criterios ESG: está fabricada con hasta un 60% de materiales reciclados. Su formato compacto y su paleta de siete colores —curados por diseñadores, con opciones adicionales bajo pedido— la posicionan como una alternativa para empresas que buscan alinear sus decisiones de equipamiento con compromisos de sostenibilidad verificables.

La silla Oko, producida por el dúo italiano Lucidi Pevere, cierra el panorama con una propuesta que privilegia el confort envolvente: base tapizada, acolchado generoso y panel trasero curvado en madera. El contraste entre textil y madera responde a una estética que migra del residencial al corporativo, tendencia que varios estudios de diseño de interiores identifican como uno de los movimientos más consistentes en la configuración de oficinas post-pandemia.

En conjunto, estas propuestas reflejan un mercado donde el mobiliario de trabajo ya no se evalúa únicamente por su funcionalidad ergonómica, sino también por su capacidad para articular cultura organizacional, adaptarse a modelos de trabajo híbrido y cumplir con estándares ambientales cada vez más exigentes.