Cuando el jurado de un concurso de arte tradicional en Puno detectó que una de las obras participantes era una impresión digital con retoques de pintura —posiblemente generada con inteligencia artificial—, el incidente trascendió lo anecdótico para convertirse en un síntoma de una tensión más amplia: ¿cómo distinguen las instituciones culturales entre creación manual y producción asistida por IA?

El certamen, convocado para seleccionar el afiche oficial de una festividad declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, establecía como requisito explícito la técnica de pintura al óleo. Sin embargo, entre las 15 a 18 obras recibidas —las fuentes oficiales no coincidieron en la cifra exacta—, al menos una presentó una superficie que el jurado identificó como impresión con intervención pictórica superficial. La vicegobernadora regional y presidenta del Comité de Salvaguardia describió la diferencia como evidente al comparar ambas piezas: en una, la textura era uniforme y característica del óleo; en la otra, los retoques de pintura cubrían parcialmente una base impresa.

El problema de verificación que enfrentan las instituciones

Este caso ilustra un desafío creciente para cualquier organización que evalúe producción creativa bajo criterios técnicos específicos: la detección visual de contenido generado por IA o producido mediante procesos mixtos requiere protocolos que la mayoría de las instituciones aún no tiene formalizados. En competencias de diseño, publicidad, arquitectura o comunicación corporativa, la misma ambigüedad puede presentarse sin que los evaluadores cuenten con herramientas o criterios estandarizados para resolverla.

La obra cuestionada no fue premiada, pero sí permaneció en exhibición junto al resto de las propuestas. El jurado definió cuatro lugares, y la pieza ganadora —elaborada íntegramente al óleo por una artista de la región— será utilizada como imagen oficial de la festividad en 2027. La identidad del autor de la obra observada no fue revelada públicamente.

Implicaciones para entornos donde la autoría importa

Más allá del ámbito cultural, el episodio anticipa fricciones que ya se registran en sectores como la publicidad, el diseño de producto y la comunicación institucional: ¿qué ocurre cuando los criterios de selección exigen proceso manual o autoría humana verificable, y los participantes entregan resultados que mezclan generación automática con intervención humana mínima?

La respuesta institucional en Puno fue pragmática pero informal: el jurado aplicó criterio visual sin un protocolo documentado. Esa misma informalidad es la que organizaciones con procesos de selección de proveedores, agencias creativas o talentos internos deberán resolver con mayor rigor a medida que las herramientas de IA generativa se vuelven más accesibles y sus resultados más difíciles de distinguir a simple vista.