Registrar una marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) es uno de los movimientos más estratégicos que puede hacer cualquier emprendedor o figura pública con proyección comercial. El organismo otorga el derecho de uso exclusivo en territorio nacional durante 10 años, renovables por periodos iguales, además de la facultad de conceder licencias de explotación y emprender acciones legales frente a usos no autorizados.
Este mecanismo cobró visibilidad reciente cuando el piloto mexicano Sergio Pérez recibió el título de registro de su marca EVS El Viejo Sabroso, entregado por Vidal Llerenas, director general del IMPI. El caso ilustra una tendencia creciente entre figuras del deporte y el entretenimiento que buscan formalizar su identidad comercial antes de escalar operaciones o buscar socios de negocio.
Propiedad industrial como activo estratégico
Proteger un nombre comercial no es un trámite burocrático menor. En mercados competitivos, la identidad de marca es un activo intangible que puede representar una parte significativa del valor total de un negocio. Sin registro formal, ese activo queda expuesto a apropiación por terceros, lo que puede derivar en litigios costosos o en la pérdida del control sobre la narrativa comercial construida durante años.
El IMPI gestiona este proceso en México y su marco normativo se alinea con estándares internacionales de propiedad industrial. Para cualquier empresa que opere o planee operar en el país, conocer los alcances y limitaciones de este sistema es parte de una gestión de riesgos básica.
Deporte, marca personal y expansión de negocios
La trayectoria de Pérez en la Fórmula 1 —que suma 300 participaciones, seis victorias, 39 podios y el subcampeonato mundial de 2023— construyó un capital de reconocimiento que ahora se traslada al ámbito empresarial. Este tipo de transición, de la visibilidad pública hacia la construcción de activos comerciales formalizados, es un patrón que se repite en figuras del deporte global y que tiene implicaciones directas para quienes buscan licenciar, franquiciar o atraer inversión.
Obtener el registro ante el IMPI en un momento de alta exposición mediática —coincidiendo con el Gran Premio de México y el hito de las 300 carreras— amplifica el valor simbólico del movimiento, pero el fondo es estructural: sin protección legal, la marca es vulnerable independientemente de la notoriedad de quien la respalda.
Para cualquier organización que gestione marcas, licencias o activos intangibles en México, el caso refuerza la importancia de anticipar el registro antes de que la marca gane tracción pública, no después.




