Sistemas de inteligencia artificial conocidos como 'tanabots' están redefiniendo la forma en que las personas enfrentan la pérdida de un ser querido. Construidos a partir de la huella digital que los difuntos dejan en vida —textos, publicaciones, audios y videos—, estos modelos permiten simular conversaciones con personas fallecidas, generando interacciones que van desde mensajes escritos hasta avatares con voz y apariencia similares a las del individuo original.

El término proviene de la combinación de 'thanatos', palabra griega para muerte, y 'bot', abreviatura de robot. Diversas compañías han comenzado a ofrecer estos servicios, y las plataformas más avanzadas ya integran síntesis de voz y representaciones visuales que buscan replicar la presencia del difunto con un nivel creciente de realismo. Esta evolución técnica no es trivial: implica el procesamiento de grandes volúmenes de datos personales para construir modelos de lenguaje y comportamiento individualizados.

El debate ético que la tecnología no puede ignorar

La expansión de los tanabots activa preguntas que trascienden lo técnico. Un estudio de la Universidad de Madrid identifica tres ejes de controversia: la ilusión de realidad que estos sistemas pueden generar en personas emocionalmente vulnerables, el impacto en la autonomía del doliente durante el proceso de duelo, y las implicaciones éticas vinculadas a reproducir la imagen, voz y personalidad de alguien sin su consentimiento previo.

Este último punto es especialmente relevante en un contexto regulatorio donde los derechos digitales post-mortem aún no tienen marcos legales consolidados en la mayoría de los países de habla hispana. La pregunta de fondo es si un avatar, por más fiel que sea a los patrones digitales del difunto, puede considerarse una extensión legítima de esa persona o simplemente una simulación sin anclaje en su voluntad real.

Duelo, tecnología y salud emocional

Históricamente, la humanidad ha desarrollado rituales y herramientas para preservar la memoria de quienes ya no están: desde la fotografía hasta los altares de muertos. Los tanabots representan un salto cualitativo al ofrecer interacción bidireccional simulada, lo que puede alterar profundamente la dinámica del duelo.

Especialistas en salud emocional advierten que, si bien estas herramientas pueden ofrecer alivio temporal, no sustituyen el acompañamiento profesional. La recomendación generalizada es que quienes atraviesan un proceso de pérdida busquen apoyo en consultas psicológicas o tanatológicas, donde puedan desarrollar estrategias de elaboración del duelo con base clínica. La tecnología puede ser un recurso, pero el riesgo de prolongar artificialmente la negación de la pérdida es una variable que ningún algoritmo puede gestionar por sí solo.

En un entorno donde la digitalización de las relaciones humanas avanza sin pausa, los tanabots plantean una pregunta de fondo para cualquier organización que opere con datos personales: ¿hasta dónde llega la responsabilidad sobre la huella digital de las personas, incluso después de su muerte?