Pensar en 500 años obliga a cambiar la escala del tiempo: imaginar que películas, fotografías, documentos y conocimiento creados hoy puedan sobrevivir a generaciones enteras, a la transformación de industrias y a tecnologías que aún no existen. En el marco del Día Mundial del Patrimonio Audiovisual —que se conmemora cada 27 de octubre— Labo, estudio audiovisual con más de 20 años de experiencia en postproducción y casi 50 años de tradición en laboratorio fílmico, pone el foco en uno de los grandes desafíos de la preservación contemporánea.

En un entorno donde los formatos cambian constantemente, los dispositivos quedan obsoletos y la información está expuesta a fallas tecnológicas, alteraciones y ciberataques, conservar un archivo ya no significa únicamente almacenarlo. Implica pensar estratégicamente en cómo garantizar su permanencia y recuperación a futuro.

De la preservación cultural a la estrategia institucional

Una película o una fotografía pueden documentar una época; un archivo puede concentrar años de conocimiento; un documento puede convertirse en testimonio de decisiones, descubrimientos o acontecimientos relevantes. Conservar estos materiales permite que lo que hoy se sabe, crea y documenta siga aportando a las generaciones futuras.

Bajo esta visión, Labo ofrece servicios de preservación de contenidos y datos a largo plazo a través de la tecnología Piql. Como socios, ambas compañías combinan la experiencia de Labo en el manejo de materiales audiovisuales con una tecnología especializada que lleva información digital a una película fotosensible diseñada para conservar datos hasta por 500 años bajo condiciones adecuadas de almacenamiento.

Cinco siglos equivalen a alrededor de 20 generaciones, una escala que supera cualquier ciclo tecnológico anticipable hoy. Para lograrlo, la información se imprime en rollos de película resguardados en contenedores especializados. Al tratarse de un soporte físico, fuera de línea y de solo escritura, se reduce la exposición a ciberataques o alteraciones, y se garantiza que los datos puedan ser interpretados y recuperados en el futuro.

Casos que dimensionan el alcance

Esta tecnología permite preservar desde películas, fotografías y manuscritos hasta documentos, archivos institucionales y otros contenidos de valor cultural, histórico, creativo o intelectual. Entre los materiales ya resguardados mediante este formato se encuentran documentos de la Biblioteca Vaticana —incluida una versión de La Divina Comedia, de Dante Alighieri— almacenados en el Arctic World Archive, en Svalbard, Noruega.

En México, la misma tecnología ha sido utilizada para preservar versiones digitalizadas de documentos resguardados por el Archivo General de la Nación.

Estos ejemplos permiten dimensionar algo más amplio: preservar no responde únicamente al valor histórico de un material. Empresas, instituciones y organizaciones generan todos los días archivos, propiedad intelectual y conocimiento que pueden conservar su relevancia mucho más tiempo que los sistemas tecnológicos con los que fueron creados.

El argumento de largo plazo

Ahí radica el valor de entender la preservación como una estrategia de largo plazo. No se trata únicamente de proteger lo que ya se reconoce como patrimonio, sino de comprender que parte de lo que hoy se crea, documenta y conoce puede convertirse en una fuente de información para quienes vengan después.

Labo brinda servicios y acompaña producciones en 16 países de América Latina —México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile— consolidando una cobertura regional que posiciona a la preservación digital de largo plazo como una capacidad disponible para la industria audiovisual en toda la región.