Reducir la deserción escolar del 14% al 1% en cinco años no es un resultado menor: es evidencia de que los programas corporativos de formación complementaria pueden tener un impacto medible tanto en la permanencia educativa como en la inserción laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Eso es precisamente lo que documenta un libro recién publicado sobre el proyecto Futuros Soñadores, una iniciativa de formación profesional que conecta a estudiantes de escuelas públicas con el mercado de la comunicación y la publicidad. A lo largo de cinco años, el programa ha alcanzado a más de 500 jóvenes mediante más de 270 horas de contenido extracurricular —clases, conferencias y mentorías— impartidas por 48 profesionales del sector. El resultado más tangible: 15 estudiantes han sido contratados directamente por empresas del ecosistema que respalda la iniciativa.

Metodología replicable como activo estratégico

La obra, escrita por Rosane da Conceição Pereira, docente de la institución educativa, y Carolina Lang, gerente de comunicación y compromiso del grupo impulsor, no solo narra una trayectoria: sistematiza una metodología que vincula el conocimiento académico con la experiencia práctica del sector. Su propósito declarado es ofrecer un modelo replicable para que otras escuelas y empresas desarrollen iniciativas similares.

Este tipo de documentación tiene valor estratégico más allá del relato social. Las empresas que invierten en programas de formación con escuelas públicas construyen simultáneamente tres activos: talento pipeline con perfil diverso, fortalecimiento de marca empleadora y posicionamiento en agendas ESG con métricas verificables. En un mercado donde la escasez de talento especializado en comunicación y tecnología es una presión constante, acceder a segmentos de población históricamente excluidos representa una ventaja competitiva concreta.

El rol de las empresas en la formación de talento sectorial

El proyecto nació de la iniciativa de un exalumno de la escuela que se convirtió en director de planificación de una de las agencias participantes —un dato que ilustra el potencial de retorno a largo plazo de este tipo de inversiones—. La iniciativa también contó con la participación de nueve clientes y socios externos, lo que amplía su alcance más allá de una sola organización y lo convierte en un modelo de colaboración intersectorial.

"Hay mucho talento que el mercado aún no logra identificar porque las oportunidades no llegan a todos de la misma manera", señala Debora Moura, directora de atracción y diversidad e inclusión del grupo. "Cuando una iniciativa contribuye a mantener a los jóvenes en la escuela y abre puertas hacia su primer empleo, queda claro que las empresas pueden desempeñar un papel mucho más activo en la formación de quienes construirán el futuro del mercado".

La publicación del libro marca un punto de inflexión: convierte una práctica interna en conocimiento público, lo que eleva su potencial de influencia sobre otras organizaciones que buscan alinear sus estrategias de talento con impacto social medible.