Dos startups chinas —Sharpa y Wuji— se han posicionado como proveedoras estratégicas de hardware para los programas de entrenamiento de robots humanoides más avanzados del mundo. Ambas empresas, con vínculos en Shanghái y Shenzhen, suministran manos mecánicas que ya forman parte de los paquetes de referencia utilizados por instituciones como Stanford y ETH Zurich, con despliegue previsto para 2027.

Wuji, fundada en 2019 por Pan Yunzhe y respaldada por Ant Group y Future Capital, desarrolló la Wuji Hand 2, capaz de girar un bolígrafo de forma autónoma. Sharpa, cofundada por David Li —también al frente de la empresa de lidar Hesai—, concentra su I+D en Shanghái y produce una mano con mayor robustez estructural. Según análisis de especialistas del sector, incluida Keerthana Gopalakrishnan de Google DeepMind, la Wuji Hand 2 replica mejor las proporciones de una mano humana, aunque su fuerza equivale a la de un niño de diez años, mientras que la mano Sharpa ofrece mayor rendimiento bajo carga continua.

China como proveedor de infraestructura robótica global

Este fenómeno no es aislado. Xiaomi reportó que, al probar su mano robótica en una línea de manufactura automotriz, la mayoría de las tareas operativas requerían solo un rango acotado de movimiento, lo que simplifica los requerimientos de diseño y acelera la viabilidad industrial. Por su parte, Meta ha iniciado colaboración con la startup china Fourier para desarrollar un prototipo de humanoide, señal de que la dependencia tecnológica en este segmento trasciende a un solo actor.

El sistema Agile One SN —desarrollado por Agile Robots, con presencia en Alemania, China y Estados Unidos— fue presentado en Berlín como plataforma de entrenamiento para humanoides. Su arquitectura integra software de simulación con hardware físico, y su adopción por parte de centros de investigación de primer nivel anticipa que se convertirá en un estándar de facto para el desarrollo de robots con destreza manual.

Implicaciones para las cadenas de suministro en robótica

Las manos mecánicas representan uno de los cuellos de botella más complejos en la ingeniería de humanoides: requieren alta densidad de actuadores, tolerancias mínimas y materiales capaces de soportar ciclos repetitivos de carga. Que dos startups chinas hayan resuelto parte de este problema con suficiente calidad como para ser adoptadas en programas de investigación occidentales cambia el mapa de dependencias tecnológicas en el sector.

Para cualquier empresa que esté evaluando estrategias de automatización con robots humanoides en los próximos tres a cinco años, la procedencia del hardware de manipulación —y los riesgos regulatorios, arancelarios y de propiedad intelectual asociados— se convierte en una variable de planificación tan relevante como el software de control o los modelos de IA que lo gobiernan.