Dos de las cadenas de comida rápida con mayor presencia en México están apostando por estrategias de coleccionables para incrementar el tráfico en sus establecimientos y fortalecer el vínculo emocional con sus consumidores. La mecánica es distinta en cada caso, pero el objetivo converge: convertir la visita al restaurante en una experiencia más allá del producto alimenticio.

Colecciones definidas vs. el factor sorpresa

Una de las cadenas lanzó una colección de seis carritos con mecanismo de retrofricción —sin necesidad de pilas— inspirados en personajes de una serie animada que debutó en 1998 y que mantiene vigencia en la cultura popular. La colección incluye tanto a los protagonistas como a sus antagonistas, lo que amplía el universo de personajes disponibles y prolonga el ciclo de compra para quienes buscan completar el set.

La otra cadena optó por una dinámica diferente: una caja cuyo contenido no se revela de antemano, incorporando juguetes de ediciones anteriores. Este modelo activa el deseo de descubrimiento y puede incentivar visitas repetidas entre consumidores que ya tienen parte de una colección previa y buscan completarla.

La nostalgia como palanca de negocio

Ambas estrategias explotan un mecanismo bien documentado en marketing de consumo masivo: la nostalgia como detonador de decisión de compra. Los personajes animados de los años noventa y principios de los dos mil no solo apelan a los niños de hoy, sino también a los adultos que los acompañan —y que, en última instancia, realizan el gasto.

Este doble efecto generacional es uno de los activos más valiosos de las licencias de entretenimiento clásico: permiten a las marcas comunicarse simultáneamente con el consumidor directo del producto y con quien toma la decisión de compra. La relevancia cultural sostenida de ciertos personajes reduce el costo de construcción de relevancia para la marca que los licencia.

Implicaciones para el sector

La integración de coleccionables en menús infantiles no es nueva, pero su sofisticación ha aumentado. Las cadenas están invirtiendo en licencias de entretenimiento, diseño de producto y mecánicas de gamificación —como el misterio o la colección completa— para diferenciar su propuesta más allá del precio o el producto base.

Esta tendencia tiene implicaciones directas para la frecuencia de visita y el ticket promedio. Un consumidor que busca completar una colección tiene un incentivo adicional para regresar, independientemente del hambre o la conveniencia. En mercados competitivos como el de comida rápida en México, donde la diferenciación por producto es limitada, estas estrategias representan una vía concreta para sostener el tráfico en tienda y construir lealtad de corto plazo.

La disponibilidad de los juguetes varía por sucursal y canal de compra, por lo que se recomienda verificar existencias directamente en los canales oficiales de cada cadena.