Casi la mitad de los consumidores en el Reino Unido —44%— escucha contenido de video sin verlo, según un estudio reciente que documenta la disolución de las fronteras tradicionales entre los formatos de audio y video. El fenómeno no es exclusivo de ese mercado: en Francia y Estados Unidos, el 66% de los usuarios adopta el mismo comportamiento, mientras que en Italia la cifra alcanza el 64%.

La tendencia revela un cambio estructural en la forma en que las audiencias se relacionan con el contenido digital. Los usuarios ya no eligen plataformas ni formatos por convicción, sino por contexto e intención: consumen lo que les interesa en el momento y la circunstancia que les resulta más conveniente. Esta lógica de consumo situacional tiene implicaciones directas para las estrategias de medios y planificación publicitaria, ya que los modelos de segmentación basados en plataformas específicas pierden precisión frente a audiencias que migran constantemente entre entornos.

Fragmentación de plataformas y erosión de la lealtad

El 58% de los consumidores en el Reino Unido alterna regularmente entre plataformas de audio y video, comportamiento que escala al 62% en Italia, 66% en Francia y 74% en Estados Unidos. La lealtad hacia servicios individuales también se debilita: casi dos de cada tres usuarios de la plataforma líder de audio digital en el Reino Unido utilizan al menos otro servicio de escucha, proporción que sube al 74% en Francia y al 76% en Estados Unidos.

Esta fragmentación obliga a replantear la lógica de inversión en medios digitales. Apostar por una sola plataforma como canal dominante implica asumir un riesgo de cobertura significativo, dado que una fracción relevante de la audiencia objetivo estará, en cualquier momento dado, consumiendo contenido en otro entorno.

Implicaciones para la planificación de medios en LATAM

Para mercados como México y América Latina, donde el consumo de audio digital y video en streaming crece de forma acelerada, los datos apuntan hacia una reconfiguración de las estrategias de alcance. La segmentación por formato —audio vs. video— resulta cada vez menos operativa como criterio de planificación. En cambio, cobran relevancia los enfoques basados en momentos de consumo, intención del usuario y contextos de uso.

La convergencia entre audio y video no es una anomalía temporal: es el reflejo de audiencias que optimizan su experiencia de consumo en función de su rutina, no de la oferta de las plataformas. Las organizaciones que ajusten sus estrategias de contenido y pauta a esta realidad estarán mejor posicionadas para mantener relevancia en un ecosistema digital donde los límites entre formatos continúan difuminándose.