Economía china en contracción: ventas minoristas caen por primera vez en tres años
El desequilibrio entre oferta industrial robusta y demanda interna débil profundiza la recesión en la segunda economía del mundo
China registró en mayo su primera caída en ventas minoristas desde diciembre de 2022, con un descenso del 0.6% interanual, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas. El resultado superó negativamente las estimaciones de los economistas consultados por Reuters, que proyectaban un resultado neutro. El feriado del Día del Trabajo no logró compensar la contracción del consumo interno, evidenciando un deterioro estructural en la demanda doméstica.
La inversión en activos fijos urbanos —que incluye bienes raíces e infraestructura— se contrajo un 4.1% acumulado entre enero y mayo, más del doble de la caída estimada del 2%. El sector inmobiliario concentra gran parte del deterioro: las entradas de capital cayeron un 16.2% en ese período, mientras que la inversión en manufactura registró su primera contracción desde diciembre de 2020, de acuerdo con datos de Wind. Frente a este panorama, la producción industrial fue el único indicador positivo, con un crecimiento del 4.5% en mayo, por encima del 4.3% proyectado. La tasa de desempleo nacional descendió marginalmente al 5.1%, desde el 5.2% de abril.
Entorno identifica en esta coyuntura un patrón que los economistas denominan crecimiento 'en forma de K': sectores de manufactura y exportación con desempeño sólido —las exportaciones mantuvieron crecimiento de dos dígitos en abril y mayo, impulsadas por energías renovables y tecnología vinculada a inteligencia artificial— frente a una contracción persistente en bienes raíces y consumo privado. La propia Oficina Nacional de Estadísticas reconoció que 'el desequilibrio interno entre una fuerte oferta y una débil demanda es agudo'. Para los equipos directivos con exposición a mercados asiáticos o cadenas de suministro con origen en China, este escenario implica revisar supuestos de demanda, monitorear presiones en precios de materias primas —agravadas por la interrupción de flujos energéticos derivada del conflicto en Irán— y anticipar posibles ajustes en la política económica de Pekín orientados a estimular el consumo interno.
