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La escasez de semiconductores terminó… pero los cuellos de botella apenas comienzan

Por años escuchamos que la crisis de los semiconductores había quedado atrás. Los inventarios se recuperaron, los tiempos de entrega disminuyeron y muchos fabricantes dejaron de hablar de escasez.

Por años escuchamos que la crisis de los semiconductores había quedado atrás. Los inventarios se recuperaron, los tiempos de entrega disminuyeron y muchos fabricantes dejaron de hablar de escasez. Sin embargo, esa conclusión es engañosa. La realidad es mucho más compleja: la industria no enfrenta un problema de falta de

Por Dr. José Luis Jáuregui, catedrático de Posgrado en CETYS Universidad, Campus Mexicali.·17/8/2026
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La escasez de semiconductores terminó… pero los cuellos de botella apenas comienzan

Por años escuchamos que la crisis de los semiconductores había quedado atrás. Los inventarios se recuperaron, los tiempos de entrega disminuyeron y muchos fabricantes dejaron de hablar de escasez. Sin embargo, esa conclusión es engañosa. La realidad es mucho más compleja: la industria no enfrenta un problema de falta de capacidad, sino de una capacidad mal distribuida. Mientras algunos segmentos operan con sobreoferta, otros viven una competencia feroz por asegurar producción durante los próximos años. 


Dónde está la demanda

La inteligencia artificial cambió las reglas del juego. El crecimiento explosivo de centros de datos y modelos de IA ha provocado que gran parte de la capacidad mundial de fabricación avanzada y de empaquetado de alto desempeño esté comprometida por contratos de largo plazo. El resultado es un efecto dominó que alcanza industrias tan diversas como la automotriz, la médica y la industrial.


Hoy, los mayores desafíos no están en los procesadores para computadoras personales ni en las memorias tradicionales. La presión se concentra en memorias HBM, tecnologías de empaquetado avanzado, dispositivos de potencia basados en carburo de silicio (SiC), módulos IGBT y diversos microcontroladores automotrices. Son precisamente estos componentes los que sostienen la electrificación del transporte, las energías renovables, la automatización industrial y la infraestructura para inteligencia artificial.


Paradójicamente, mientras algunas líneas de producción operan prácticamente al límite de su capacidad, otros segmentos presentan inventarios elevados y una utilización muy por debajo de los niveles esperados. Esta dualidad obliga a abandonar la idea de que existe un único mercado de semiconductores. En realidad, hablamos de múltiples mercados con dinámicas completamente distintas.


La pregunta que con frecuencia escucho de directores de operaciones y cadenas de suministro es ¿cuándo volveremos a la normalidad? La respuesta probablemente no sea la que esperan.


Uno, dos, muchos mercados

Las inversiones anunciadas por fabricantes como TSMC, Samsung, Intel y otros líderes de la industria representan cientos de miles de millones de dólares. No obstante, construir una nueva fábrica de semiconductores, instalar el equipo, calificar procesos y obtener aprobación de clientes puede tomar entre tres y cinco años. Mientras tanto, la demanda impulsada por inteligencia artificial continúa creciendo a una velocidad que supera prácticamente todas las proyecciones realizadas hace apenas dos años.


Mi expectativa es que durante 2027 comenzaremos a observar una mayor estabilidad en la mayoría de los productos convencionales. Sin embargo, en tecnologías avanzadas para inteligencia artificial y semiconductores de potencia es probable que las restricciones de capacidad permanezcan hasta finales de la década.


Este escenario también deja una lección para México. Durante décadas, la conversación giró alrededor de atraer fábricas de obleas. Hoy existe una oportunidad igualmente estratégica: desarrollar capacidades regionales de ensamble, prueba y empaquetado (OSAT) que permitan reducir tiempos de suministro, fortalecer la resiliencia de Norteamérica y responder con mayor rapidez a industrias como la automotriz, aeroespacial y de energía.


La próxima ventaja competitiva no pertenecerá necesariamente a quien produzca más chips. Será para quienes construyan cadenas de suministro regionales, diversificadas y suficientemente flexibles para responder a un mercado donde la volatilidad dejó de ser una crisis temporal y se convirtió en la nueva normalidad.


Los semiconductores seguirán siendo el motor de la economía digital. La diferencia es que, a partir de ahora, el verdadero activo estratégico ya no será únicamente la tecnología, sino la capacidad de asegurarla cuando todos la necesiten al mismo tiempo.

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