Competir únicamente en precio y distribución ha dejado de ser suficiente en el sector de alimentos y bebidas. Un análisis reciente del mercado revela que la capacidad de las marcas para generar conexiones culturales y participar activamente en conversaciones de consumidores se ha convertido en un factor determinante para establecer relevancia y preferencia de marca.
Históricamente, las empresas del sector concentraron esfuerzos en competencia de precios, distribución y visibilidad. Sin embargo, la transformación del ecosistema digital ha desplazado gran parte de esta competencia hacia redes sociales, donde los consumidores exploran productos, comparan opciones y toman decisiones de compra en interacción con comunidades y creadores de contenido. Aunque la relación calidad-precio sigue siendo determinante para el 43% de las marcas analizadas, el contexto económico y la inflación han elevado la importancia de esta dimensión, pero no como factor diferenciador primario.
Las plataformas digitales han emergido como espacios donde las marcas cultivan afinidad y consideración incluso antes de que surja intención de compra. En este contexto, la conexión emocional y la asociación con valores, estilos de vida y comunidades se vuelven esenciales. Los cambios en el comportamiento del consumidor, como fenómenos como el realfooding, evidencian esta transformación: los consumidores vinculan productos con hábitos, valores e identidades que descubren y contrastan en plataformas digitales.
Para las marcas tradicionales, la clave radica en comprender dónde y cómo se generan estas conexiones y consideraciones. Solo así podrán recuperar posición en la mente del consumidor, ya que competir en precio contra marcas blancas representa un desafío constante que no puede ganarse únicamente en ese terreno.
El marketing de influencers ha demostrado ser herramienta crucial en este sector, aunque existe una discrepancia significativa entre la importancia que las empresas asignan a los creadores y el papel que realmente desempeñan en sus estrategias. Una mayoría de profesionales reconoce que los influencers son fundamentales para conectar con público joven, pero solo una fracción pequeña los involucra en fases iniciales de desarrollo creativo. Esta brecha sugiere que muchas marcas aún ven a los creadores como meros canales publicitarios, sin aprovechar su capacidad para interpretar tendencias y diálogos culturales que resuenan en sus comunidades. Reconocer el valor estratégico de los creadores es esencial para que las marcas adapten sus dinámicas de mercado y fortalezcan conexión con consumidores en entornos donde la cultura digital define preferencias.




