El debate sobre el costo real de las redes sociales se intensifica en el sector empresarial. Una campaña internacional de gran alcance, implementada en diversos países, pone en el centro la relación entre la captura de atención, la explotación de datos y el bienestar de los usuarios, especialmente de los menores de edad.
Desde 2021, varias marcas han optado por abandonar comercialmente plataformas como Instagram, Facebook, TikTok y Snapchat, argumentando que el modelo de negocio de estas redes prioriza la extracción de valor sobre la protección del usuario. El argumento central es claro: estas plataformas están diseñadas arquitectónicamente para maximizar el tiempo de permanencia mientras recopilan datos que se monetizan sin el consentimiento explícito de los usuarios. Esta estrategia forma parte de una iniciativa más amplia de activismo digital que ha ganado tracción en la última década.
Externalidades documentadas y responsabilidad corporativa
La economía de atención que sustenta las redes sociales genera externalidades negativas bien documentadas: desinformación sistémica, discursos de odio con consecuencias en la vida real, efectos psicológicos en adolescentes y pérdida de privacidad estructural. Cuando estas consecuencias trascienden lo digital y afectan comportamientos y decisiones en el mundo físico, surge una pregunta estratégica sobre la responsabilidad corporativa. ¿Quién asume el costo social de un modelo que prioriza el engagement sobre la seguridad?
Estudios recientes establecen una conexión entre el uso intensivo de redes sociales y el incremento de la ansiedad, la depresión y conductas autolíticas en la población joven. Al mismo tiempo, la capacidad de estas plataformas para amplificar la desinformación ha impactado procesos electorales, la salud pública y la cohesión social en múltiples naciones. Estas consecuencias no son periféricas al modelo de negocio; son inherentes a él.
Financiamiento de alternativas y ecosistemas de seguridad digital
La campaña incluye un componente de financiamiento directo a organizaciones que trabajan en seguridad digital y derechos en internet. Un 75% de los ingresos de un producto específico se destina a grupos que promueven modelos alternativos de redes sociales y buscan recuperar poder frente a las grandes tecnológicas.
Se ha creado además una plataforma digital que centraliza recursos, herramientas e información sobre organizaciones dedicadas a mejorar la seguridad en internet. Este espacio funciona como punto de referencia para usuarios de diversas edades que desean establecer una relación más intencional con las plataformas digitales, incluyendo una cronología de acciones de activismo digital de la última década.
Antecedentes de cuestionamiento corporativo
No es la primera vez que las marcas cuestionan públicamente el modelo de las grandes plataformas. En 2016, se lanzó una campaña contra apagones de internet, con fondos destinados a iniciativas de acceso digital. En 2018, tras




