Construir un robot de propósito general que funcione de forma confiable en entornos reales sigue siendo uno de los desafíos más complejos de la industria tecnológica. Fundadores e inversores del sector coinciden en que ese punto de inflexión aún no ha llegado, aunque las estimaciones sobre cuándo ocurrirá oscilan entre los próximos meses y la próxima década.

En ese contexto, una startup de humanoides fundada el año pasado está apostando por una estrategia distinta a la de los grandes actores del mercado: en lugar de desarrollar simultáneamente la estructura física y la inteligencia del robot, ofrece un sistema modular que combina hardware configurable con un kit de software listo para usar. La propuesta permite a desarrolladores y empresas adaptar el robot a casos de uso específicos —ajustar la longitud de los brazos, por ejemplo— sin necesidad de construir desde cero. Los robots ya operan como cocineros en restaurantes en Japón y realizan tareas de limpieza en laboratorios científicos, con ventas que superan el millón de dólares desde su lanzamiento.

Un modelo de negocio inspirado en el ecosistema de Android

La analogía con Android no es casual. Así como Google optó por construir un sistema operativo abierto que permitiera a fabricantes y desarrolladores crear sobre él, la apuesta aquí es que el valor a largo plazo no estará en el robot en sí, sino en el ecosistema de aplicaciones y soluciones que se construyan sobre esa plataforma. El hardware puede ejecutar modelos de inteligencia artificial de proveedores especializados en robótica como Generalist, Skild o Physical Intelligence, lo que amplía significativamente su capacidad de adaptación.

El cofundador Hoa Mai, quien previamente vendió otra startup de humanoides, resume la lógica detrás del enfoque: