Artículo publicado originalmente en Opinión 51.

Para el Presidente Xi Jinping ha sido un año en el que ha recibido regalos inesperados por parte de Estados Unidos. Sobre todo, la decisión de atacar a Irán ha implicado una sobre extensión de la fuerza militar estadounidense que quitó el foco de los temas en el Pacífico. Además, el Presidente Donald Trump recibe a su rival en un momento de debilidad doméstica. La encuesta más reciente de Reuters indica que su tasa de aprobación cayó a 32%, y la alza en los precios de hidrocarburos y en los supermercados debilitan al mandatario rumbo a las elecciones de medio término del 3 de noviembre.  

Lo que no le gusta al gobierno chino es presenciar tanta inestabilidad en el mundo, algo que aumenta los riesgos y los retos de planeación. Por lo mismo, como recalcó mi colega Rina Mussali Galante en nuestra más reciente conversación en su programa Vértice Internacional, la mejor noticia de esta visita es el hecho de que será la tercera conversación cara a cara entre los líderes de China y EUA en los últimos 12 meses. Dado que hay tantos desafíos a nivel global —entre ellos el cambio climático, la adopción y regulación de la Inteligencia Artificial (IA), y múltiples conflictos bélicos— asegurar que se mantengan abiertos los canales de comunicación entre estos dos poderes tiene un gran valor en sí mismo, más allá de si terminan en acuerdos específicos o no. 

¿Cuáles son los temas principales a tocar?

  • La competencia por dominar el futuro de la IA 

Este fin de semana pasado el Secretario del Tesoro de EUA, Scott Bessent, y el Vice Premier He Lifeng, anunciaron un acuerdo sobre un sistema de alerta en caso de que haya un riesgo de seguridad nacional. En un reporte publicado ayer por POLITICO titulado “El término científico es BS (bullshit): la nueva línea directa de la IA Bessent-China, se explica que, según fuentes cercanas a las conversaciones, los detalles de este acuerdo se limitan compromiso de levantar el teléfono entre estos dos oficiales en caso de que algo preocupante suceda.

Dado que ambos países ven sus propios avances en IA como prioritarios para su competitividad hacía el futuro, por lo pronto, no deberíamos esperar anuncios que van más allá de las buenas intenciones. 

  • La tregua comercial seguirá

Cuando Xi y Trump conversaron en Busan, Corea, en octubre del año pasado, llegaron a una tregua en cuanto a temas comerciales: EUA redujo aranceles relacionados con el fentanilo y suspendió los aranceles recíprocos más elevados hasta el 10 de noviembre de 2026, una fecha próxima a expirar. Afortunadamente, ninguno de los dos países tiene un incentivo para impulsar una guerra comercial. 

China importa soya y otros productos animales, además, es un mercado clave para estados que han apoyado al Presidente Trump (ej., Iowa, Nebraska, Texas). EUA tampoco quiere que China deje de venderles los elementos de tierras raras y minerales críticos que son tan importantes para los productos de tecnología, vehículos eléctricos y armamento, entre otras cosas, una carta poderosa que China ya ha jugado.  

Eso sí, en el verano la tensión comercial aumentó nuevamente cuando la administración de Trump incluyó los robots avanzados de origen extranjero en la lista de productos prohibidos en el mercado estadounidense debido a los riesgos para la seguridad nacional, y - oh sorpresa - China es el principal exportador de los mismos. Como respuesta, poco después, China tomó medidas contra una amplia gama de empresas estadounidenses. Esto detonó que exportadores chinos de elementos de tierras raras comenzaron a cancelar envíos a Estados Unidos. Como resultado, ambos países se acusan mutuamente de violar la tregua de Busan, algo que habrá que conversar en estos días para refrenderla y evitar más acciones protecionistas. 

  • Las guerras se multiplican: Irán, Ucrania…¿Taiwán?

Para China la cuestión de Taiwán es una línea roja y el Presidente Xi podría buscar una señal por parte de Trump que indique que no defenderá la isla en caso de una invasión de China. 

La decisión estadounidense de remover al presidente de Venezuela y tomar una cantidad considerable de sus recursos petroleros (como dijo Trump a la Asamblea General de la ONU “al vencedor le corresponde el botín”), sumado al ataque no provocado a Irán, son ejemplos de acciones estadounidenses que el poder asiático podría utilizar para justificar lo que China ve como la reunificación de su país. 

Afortunadamente por la estabilidad geopolítica, hay cabezas más frías en Beijing que en Washington, D.C., y por lo pronto, no parece probable que China tome acciones militares en el corto o mediano plazo. Sin embargo, a Xi le gustaría aprovechar el afán de Trump por hacer comentarios improvisados para consolidar una nueva narrativa. 

¿Y dónde queda México con respecto a este ajedrez geopolítico? En mi opinión, fue un gran acierto la visita a Beijing del Secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, a principios de este mes. Sin hacer grandes pronunciamientos,  subrayó que México tiene opciones y construye su propio camino. A veces nos enfocamos exclusivamente en temas comerciales, pero hay varias áreas donde México y China podrían aumentar su colaboración, entre ellas, en temas de educación, ciencia, innovación, medio ambiente y desarrollo rural. 

La relación entre EUA y China seguirá siendo el corazón de la agenda geopolítica por muchos años y cabe la posibilidad de que los dos líderes se vean nuevamente este año. Trump podría asistir a la reunión de la APEC en noviembre y el Presidente Xi podría sumarse a la reunión del G20 en Mar-A-Lago. Y sí, entre más diálogo mejor para el mundo. Stay tuned…