Un estudio realizado en 37 países revela que la percepción dominante sobre la inteligencia artificial no es de entusiasmo, sino de alarma: la mayoría de los encuestados en 34 de esas naciones cree que, en los próximos 20 años, la IA eliminará más puestos de trabajo de los que generará.
La preocupación es especialmente pronunciada en economías desarrolladas. En Australia y Corea del Sur, el 76% de los encuestados anticipa un impacto negativo neto sobre el empleo; en Estados Unidos, esa cifra alcanza el 71%. En España, el 54% comparte esa visión, mientras que solo el 9% considera que la tecnología creará más oportunidades laborales de las que destruirá. Un 20% adicional admite no tener claridad sobre el alcance real del fenómeno, lo que apunta a una brecha de comprensión que tiene implicaciones directas para la toma de decisiones organizacionales.
Desigualdad y fractura generacional
Más allá del empleo, el estudio identifica un segundo vector de tensión: el temor a que la IA amplíe la brecha entre segmentos de ingreso. Esta percepción es más intensa en países desarrollados y entre ciudadanos con orientación política progresista, lo que sugiere que el debate sobre IA está adquiriendo una dimensión ideológica que trasciende lo tecnológico.
La variable generacional añade otra capa de complejidad. Contrario a la narrativa que asume a los jóvenes como nativos digitales sin reservas frente a la automatización, los adultos de entre 18 y 34 años en países como Estados Unidos, Suecia, Brasil, Japón, Polonia y Australia registraron un aumento considerable en su nivel de preocupación durante el último año. En algunos de esos mercados, este grupo etario expresa mayor desasosiego que las generaciones mayores respecto a la pérdida de empleos y el incremento de la desigualdad.
Ambivalencia como señal de mercado
No todo el panorama es de rechazo. A nivel global, el 41% de los encuestados describe su actitud hacia la IA como una mezcla de preocupación y emoción. En España ese porcentaje sube al 44%, con un 39% inclinado más hacia la preocupación y un 16% más hacia la expectativa positiva.
Esa ambivalencia tiene valor estratégico: indica que la narrativa sobre IA aún no está consolidada en el imaginario colectivo, lo que abre una ventana para que las organizaciones lideren la conversación interna sobre automatización, recapacitación y redistribución de roles. Las empresas que gestionen esa transición con datos, transparencia y programas concretos de desarrollo de talento estarán mejor posicionadas para retener equipos y mantener la confianza institucional en un entorno de alta incertidumbre.
Para México y América Latina, donde la informalidad laboral y la desigualdad estructural ya son factores de presión, el margen de error en la adopción de IA es menor. La velocidad con que las organizaciones definan políticas claras de implementación tecnológica determinará si la transición se convierte en ventaja competitiva o en fuente de conflicto interno.



