Ciberdelincuentes están utilizando versiones manipuladas de GPT personalizados para distribuir troyanos de acceso remoto mediante una técnica conocida como Clickfix. La campaña, activa y en expansión, aprovecha la legitimidad percibida de los dominios oficiales de plataformas de inteligencia artificial para engañar a usuarios que no detectan señales de alerta evidentes.

Los GPT personalizados son configuraciones adaptadas de modelos de lenguaje diseñadas para cumplir funciones específicas: asistencia técnica, consultoría especializada, soporte en áreas concretas. Su alojamiento en infraestructura oficial los convierte en un vector de ataque con alta tasa de credibilidad. En este caso, uno de los GPT comprometidos —identificado como Plus 5.6— simula operar con un modelo de IA avanzado e instruye a las víctimas a visitar un enlace externo alojado en Google Sites, bajo el pretexto de que el dominio principal no está disponible.

Cómo opera el ataque

Al acceder al enlace alternativo, el usuario encuentra una página de verificación CAPTCHA que imita los controles de Cloudflare. Es en ese punto donde se activa la técnica Clickfix: el sistema induce al usuario a copiar y ejecutar manualmente un comando en su terminal, sin que perciba que está instalando un troyano de acceso remoto en su propio dispositivo. La ingeniería social reemplaza la necesidad de explotar vulnerabilidades técnicas.

Este vector es particularmente eficaz porque traslada la ejecución del malware al propio usuario, eludiendo muchos controles de seguridad perimetral. No requiere archivos adjuntos ni descargas directas: basta con que la víctima siga instrucciones que parecen legítimas dentro de un flujo de interacción aparentemente normal.

Escala e implicaciones para la seguridad corporativa

Investigaciones recientes documentan al menos 40 incidentes vinculados a esta campaña, incluyendo dos infecciones confirmadas facilitadas directamente por GPT personalizados. Los casos han sido reportados formalmente. La cifra sugiere que la campaña está en fase de escalamiento, no de prueba.

Para cualquier organización que permita el uso de herramientas de IA generativa en sus operaciones —sin políticas claras de verificación de fuentes y sin formación en reconocimiento de ataques de ingeniería social—, este tipo de campaña representa un riesgo operativo concreto. El troyano de acceso remoto instalado puede comprometer credenciales, exfiltrar datos o abrir puertas laterales en la red corporativa.

La sofisticación del ataque no reside en el malware en sí, sino en la arquitectura de confianza que lo rodea: dominios oficiales, interfaces conocidas y flujos de interacción diseñados para no generar fricción. Eso lo convierte en una amenaza difícil de detectar con controles técnicos convencionales y fácil de escalar hacia nuevos objetivos.