Integrar inteligencia artificial en la producción de una película sin efectos visuales espectaculares puede parecer contradictorio, pero es precisamente ese escenario el que está redefiniendo cómo la industria cinematográfica adopta estas herramientas. Ben Affleck confirmó públicamente el uso de IA en múltiples etapas de su próxima película —centrada en la historia de un candidato a la alcaldía de Los Ángeles cuya vida se fractura tras el secuestro de su hijo— y eligió no revelar los detalles técnicos específicos, argumentando que hacerlo rompería la ilusión narrativa que el cine busca sostener.
El caso más relevante para la industria no es el uso en sí, sino el modelo de implementación. Affleck fundó en 2022 una empresa de inteligencia artificial especializada en cine, InterPositive, con el objetivo explícito de desarrollar modelos entrenados exclusivamente con material licenciado y con el consentimiento de los creadores. La compañía fue adquirida por Netflix por 587 millones de dólares, y Affleck pasó de ocupar la dirección ejecutiva a un rol de asesor senior. Esta transición convierte a Netflix en propietaria de una infraestructura de IA diseñada desde su origen para operar dentro de marcos éticos y legales, un diferenciador significativo frente a modelos entrenados con datos no autorizados.
El debate de fondo: propiedad intelectual y compensación justa
La postura de Affleck articula una tensión que atraviesa toda la industria creativa: la diferencia entre usar IA como herramienta de eficiencia y usarla como mecanismo de extracción de valor sin retribución. Su modelo incorpora una capa adicional orientada a la comprensión cinematográfica —no solo al procesamiento de imágenes o texto— y está diseñado para que los cineastas conserven la propiedad de su trabajo durante todo el proceso de creación.
Este enfoque tiene implicaciones directas para cualquier organización que esté evaluando adoptar IA en procesos creativos o de contenido. La pregunta ya no es solo si la herramienta funciona, sino con qué datos fue entrenada, quién tiene derechos sobre los outputs y qué pasivos legales o reputacionales puede generar su uso. En un entorno donde los sindicatos de Hollywood han negociado cláusulas específicas sobre IA y donde los litigios por derechos de autor se multiplican, el origen del modelo importa tanto como su rendimiento.
Postproducción como primer campo de adopción
Aunque Affleck evitó detallar las aplicaciones concretas, la postproducción es el área donde la IA cinematográfica ha demostrado mayor tracción: corrección de color asistida, limpieza de audio, generación de fondos, sincronización de diálogos y reducción de ruido visual son procesos donde los modelos especializados reducen tiempos y costos de forma medible. En producciones sin presupuestos de efectos visuales masivos, estas eficiencias operativas pueden representar una ventaja competitiva real.
La película se estrena en Netflix el 9 de octubre, con Kerry Washington como coprotagonista. Más allá del resultado artístico, el proyecto funciona como caso de estudio sobre cómo una empresa de entretenimiento puede absorber capacidades de IA propietaria y aplicarlas dentro de un marco que, al menos en su diseño original, prioriza la sostenibilidad del ecosistema creativo sobre la velocidad de adopción.




